Si hay un aspecto que profundizó aún más la pandemia fue la alarmante brecha de vinculación laboral que existe entre hombres y mujeres. Para solucionarla, no solamente es necesario la promoción de un cambio cultural, que ciertamente toma años, sino que debemos utilizar una herramienta poderosa que está en nuestras manos y que desafortunadamente no se ha podido potenciar: la licencia de paternidad. 

Si miramos las cifras de desempleo antes de la cuarentena la situación para las mujeres ya era preocupante. Por ejemplo, mientras que en el trimestre diciembre 2019-febrero 2020 el 8.8% de los hombres no encontró empleo, ese indicador ascendió al 15.4% para el género femenino, lo que representa una diferencia de 6.6 puntos porcentuales.

En esta secuencia, para el trimestre marzo-junio de 2020, en pleno pico del aislamiento, el desempleo masculino se disparó al 17.4% y el femenino al 24.6%, lo cual significa que, aunque el incremento fue casi similar entre ambos géneros, las mujeres tuvieron una afectación 0.6 puntos porcentuales mayor.

Sin embargo, para el periodo julio-septiembre, cuando ya inició la reactivación económica de manera progresiva en el País, la tasa de desempleo masculina disminuyó al 13.9%, mientras que la femenina solamente descendió al 22.8%. Es decir, la recuperación laboral de los hombres se ha logrado al doble de velocidad que en las mujeres, situación que conlleva a que actualmente una de cada cinco potenciales trabajadoras no sean contratadas.

Aunque indiscutiblemente una de las causas de esta realidad son los arraigos culturales de algunas regiones del País, no deja de ser menos cierto que económicamente las empresas asumen un mayor riesgo de elevar los costos de producción cuando contratan mujeres entre los 20 y 35 años, dado que la maternidad está a la vuelta de la esquina.

De hecho, cuando en el Congreso ampliamos la licencia de maternidad de 14 a 18 semanas sabíamos que esta medida debía ir acompañada de una extensión de la licencia de paternidad, la cual actualmente es de tan solo ocho días. Sin embargo, los apretados tiempos legislativos no nos permitieron aprobar ese proyecto, el cual quedó a la espera de ser iniciado en este nuevo periodo.

En este contexto, es urgente que el Gobierno y el Legislativo revivan esta propuesta y acuerden una ampliación sensata de la licencia de paternidad. Por un lado, médicamente están comprobados los beneficios que genera en la formación del bebé el hecho de poder compartir más tiempo con sus progenitores en su etapa de mayor vulnerabilidad, lo cual termina repercutiendo en el mediano y largo plazo en una menor presión para el sistema de salud.

Por otro lado, si los tiempos de las licencias de maternidad y paternidad se equiparan, se elimina el principal diferencial en el proceso de contratación entre hombres y mujeres, con lo cual a mediano plazo es viable reducir considerablemente la brecha en la vinculación laboral entre ambos géneros.

De lo contrario, nos veremos condenados a seguir viendo una tasa de desempleo femenina que es estructuralmente más alta y que castiga severamente a las jóvenes del País. La maternidad, lejos de ser un obstáculo para el desarrollo profesional, es una de las experiencias más hermosas de la vida, la cual debe ser compartida por igual entre padres y madres.

@Tatacabello

Publicado: noviembre 13 de 2020