Cuando conocemos cómo avanzan determinadas culturas, sociedades, se podría contemplar un momento en el cual se cae en un espiral de decepción, de desencanto general; no solo por la forma en que se vive, sino por su sistema político, democrático; el cual no logra satisfacer las necesidades de una población cada vez más numerosa.

La anterior afirmación corresponde al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipotesky, de origen judío – ruso, de la Universidad de Grenoble, radicado en Francia, en su ensayo: La Sociedad de la decepción, publicado en mayo de 2008.

Desde su óptica, Lipotesky se ha dedicado a analizar lo que es la sociedad post moderna donde el ecologismo como disfraz, lo efímero de las redes sociales, la cultura de masas y la pose social en detrimento de la libertad individual hacen de una sociedad la cual califica como vacía donde prima la carencia del espíritu del ser humano.

La sociedad actual, ha caído en un salto al vacío que produce  una permanente máquina de decepción, básicamente, por cuenta de sus relaciones humanas las cuales están enmarcadas por el hedonismo.

¿Cuál es el espíritu de la sociedad actual? Se pregunta Lipoteski.

Teniendo en cuenta lo anterior, se podría plantear que el espíritu de la democracia liberal del siglo XXI es estructuralmente inseparable a la decepción.

En un sistema democrático deberán existir ganadores y perdedores. Y, por ende, habrá decepciones porque el ser humano es así: Proclive a las decepciones por cuenta de sus expectativas.  

Se presenta el caso del socialista francés François Miterrand en 1981, quien hizo un llamado a cambiar la vida durante su campaña electoral. Sus electores, al final, quedaron decepcionados porque en la France socialista de Miterrand nada cambió.

Por el contrario, todo empeoró. Sus electores, decepcionados, se volcaron hacia la derecha eligiendo por varios períodos consecutivos primero a Chirac, luego a Sarkozy.

En Colombia, está comenzando a suceder lo mismo con las elecciones generales tanto para presidente, como para gobernaciones, alcaldías y concejos, las cuales están generando la decepción dentro del electorado, del ciudadano de a pie.

¿Cuál es el espíritu de nuestra democracia?

Para el caso especial de Bogotá, Claudia López y su foulard es el fiel reflejo del hedonismo como forma de gobierno, al cual se refiere Lipotesky, que genera la desesperanza en los ciudadanos de a pie, como el suscrito, quienes vemos impotentes como la inseguridad se tomó por completo la vida cotidiana a tal punto que los maleantes, como decía Álvaro Gomez Hurtado, hacen de las suyas ante la inoperancia de López y su foulard.

Salimos por la mañana para nuestros trabajos, con miedo.

Regresamos a nuestras casas no solo con miedo, sino con desesperanza frente al futuro que nos rodea.

Y, si no es su hedonismo con su foulard, es su histrionismo patológico.

Su última declaración en contra de los hombres y mujeres de la Policía quienes a diario ofrecen su vida para defender lo que Claudia no defiende: Nuestra honra, seguridad, bienes y dignidad como seres humanos; es una muestra de ello.

De paso: ¿Qué hace una persona decente como Aníbal Fernández de Soto, en un gobierno indecente como lo es de Claudia López y su foulard?.

Y, apenas lleva un año.

¡Uyyy! Que noche tan larga la que nos espera con doña Claudia y su foulard; como diría Murdock en Les Luthiers.

¡Qué decepción!

El Centro Democrático, no se queda atrás.

Al parecer, elegirá a sus candidatos presidenciales mediante encuestas telefónicas convirtiéndose el CD en el único partido político en el mundo que elige sus candidatos presidenciales mediante encuestas telefónicas y no por medio del voto de sus militantes.

En ese escenario, ya sabemos que ni la Cabal, ni Nieto, tendrán cabida.

¡Que decepción!

Al final, no creo que la Presidencia de Colombia sea tan decepcionante como para que existan 40 candidatos, faltando el de mi Partido Conservador, quien después de ser apéndice de los gobiernos de turno desde la constitución de 1991, ahora decide por arte de magia que tiene como llegar a la presidencia de Colombia.

Cero y van 41 candidatos.

¡Qué locura tan decepcionante!

Hoy, hemos perdido la confianza y la esperanza en nuestros gobernantes, en nuestra democracia, en nuestras relaciones sociales, por cuenta del decepcionante mundo hedonista que nos rodea.

Por eso, damos saltos al vacío, termina comentando Lipotesky.

Por todo lo anterior, Colombia se encuentra ad portas de dar un salto al vacío en las próximas elecciones generales para presidente en el 2022 porque, en términos generales, estamos decepcionados de nuestra democracia.

Puntilla: Del cartel de Cali a Odebrecht solo hay un paso; pero todo fue a mis espaldas. Por lo demás: Todo bien, gracias…

Rafael Gómez Martínez

Publicado: septiembre 14 de 2021