Se presenta como un faro moral del periodismo. Asegura ser una profesional a carta cabal, cuando en realidad no es más que una activista política que se vale de su profesión para ensalzar aliados y vilipendiar a quienes ella encajan en la categoría de malquerientes.

Militante activa del santismo, dichosa beneficiaria de la mermelada que aquel gobierno repartióindiscriminadamente en salas de redacción, cabinas de radio y estudios de televisión, se constituyó en una fletada animadora del proceso con los terroristas de las Farc.

Los crímenes perpetrados por esa guerrilla, no merecen justicia. Tampoco una explicación ni unas excusas. Nada. Ella es fiel promotora de la fábula de que la “paz” obliga a mirar hacia otro horizonte, sin detenerse en cuestiones que muy seguramente considera de menor valía, como es el derecho de quienes padecieron el rigor de la violencia guerrillera a recibir algo de reparación a manera de compensación por el dolor y el sufrimiento.

Pero, eso sí, su implacabilidad frente al uribismo es arrolladora. Obnubilada por el odio, por el rencor, por el resentimiento y quizás haciéndole un mandado a alguien, no desaprovecha oportunidad para lapidar moralmente a los seguidores y dirigentes de la corriente ideológica liderada por el presidente Uribe a quien, no está de más plantearlo, ella abomina.

Hasta sus amigos en el periodismo han salido a criticarla por su mas reciente hazaña: la publicación de un retrato de la nueva presidenta a la Cámara de Representantes, Jennifer Arias con un disfraz. La imagen evidentemente no es reciente. Se nota claramente que fue hace bastante tiempo en la celebración de Halloween.

Dado que la parlamentaria aparece con una pistola de juguete en la mano, la señora Duzán, con el claro propósito de hacer daño escribió que “Esta foto de la nueva presidente de la Cámara de Representantes Jenifer (sic) Arias debería ser explicada y con lujo de detalles. La he buscado para que me la explique pero no ha sido posible…”.

¿Cómo así que un ciudadano -así ocupe la presidencia de una corporación pública- está obligado a darle explicaciones a una periodista respecto de fotografías del pasado y que responden a disfraces? ¿Acaso la utilización de un atuendo es cuestionable periodísticamente?

El declive profesional de la señora Duzán -que salió de Semana por la puerta de atrás y que duró pocas semanas en La W- es incontrastable. Hoy, convertida en una Youtuber, ha caído demasiado bajo, quedando una vez más en evidencia su laya.

A los servidores públicos y a los políticos se les puede hacer todo tipo de cuestionamientos, siempre y cuando se relacionen con sus funciones y con el ejercicio de sus cargos, no por asuntos de la órbita privada y mucho menos por la vestimenta seleccionada para asistir a una fiesta que tuvo lugar hace más de una década y media.

Y si de algo carece María Jimena Duzán es de solvencia moral para pretender convertirse en juez o en censurador conductual de los colombianos.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 23 de 2021