En cualquier lugar del mundo sería impensable que el narco más buscado saliera a agradecer a medio país desde la clandestinidad. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, en México si el Chapo Guzmán hubiese agradecido a Peñanieto y a Televisa por su “compromiso por la paz”? O, ¿Qué hubiera pasado si Pablo Escobar en su época, recién fugado, hubiera hecho un video agradeciendo a un sector de la clase política y a un medio de comunicación?

El escándalo sería mayúsculo, sin embargo al parecer en la actual Colombia, esto no representa mayor inconveniente para aquellos políticos que se han dedicado a favorecer el narcoterrorismo. Definitivamente, los valores de nuestro país se han invertido, una nación que condena a Uribe Noguera, pero que defiende que legisle un tipo como alias “Tornillo”, no tiene mucha esperanza.

Por supuesto no era para menos que Sántrich agradeciera el favorcito a un grupo de políticos y a un medio de comunicación; cuando los mencionados fueron quienes moldearon el estado de derecho para que este bandido navegara cómodamente en las aguas de la política colombiana. No existen antecedentes recientes sobre un canalla tan consentido que Sántrich, al punto que dichos políticos alcahuetas, más que colaboradores por la paz, han fungido como las niñeras del narco terrorista.

Ni el criminal de Escobar salió tan victorioso como Sántrich, a este último no fue necesario que le construyeran la catedral porque para eso tenía a la JEP; que resulta de lejos más benevolente.  La primera por lo menos cumplía en limitar a Escobar su locomoción, mientras que la segunda permitió, vergonzosamente, a Sántrich estar en libertad, dar cátedra de paz en las universidades y convertirse, para algunos insensatos, en un referente de paz, todo mientras traficaba cocaína. Esto sumado a que Sántrich, a diferencia de Escobar, no necesitó escaparse por un monte, ya que fue liberado con órdenes judiciales.

Teniendo en cuenta semejantes actos de solidaridad, cualquiera en su lugar estaría muy agradecido: primero, pese a los delitos cometidos, le otorgaron una curul; en segundo lugar, lo convirtieron en actor político; tercero, pudo continuar tranquilamente con el tráfico de cocaína; en cuarto lugar, cuando fue capturado, instituciones como la JEP y la Corte Suprema de Justicia se volcaron a liberarlo y a impedir su extradición; por último; una vez liberado y tras su fuga, asumieron el rol como defensores de oficio del prófugo, argumentando que le tendieron una trampa.

Los personajes en cuestión, ocupan gran parte de su tiempo orquestando ataques contra el Ministro de la Defensa y el Ejército Nacional. Sabotean constantemente la lucha contra el narcotráfico impidiendo la fumigación, y torpedean la histórica colaboración binacional entre los Estados Unidos y Colombia en materia de lucha contra las drogas.

La cercanía entre Sántrich y la clase política colombiana no puede ser más evidente, pero aquí no pasa nada. El mismo país que tanto se escandalizó con el proceso ocho mil, la parapolítica y actualmente, con la denominada ¨la ñeñe politica¨, ahora guarda silencio. Va siendo hora que ellos den las explicaciones, Colombia no puede regirse bajo los caprichos de criminales. Por eso insto a los colombianos a denunciar esta escabrosa alianza entre los políticos de ultra izquierda con Farc, empecemos por este primer capítulo que es ¨La Santrich-politica¨.

@jarizabaletaf

Publicado: diciembre 5 de 2020