El odio de Gustavo Petro hacia la familia Ardila, propietaria de RCN, parece no tener límite racional. Ha extendido su animadversión a los empleados de esa compañía, particularmente a algunos periodistas –particularmente de RCN televisión-, empezando por la directora de noticias de esa cadena, Claudia Gurisatti, una de las pocas comunicadoras que, a pesar de estar en una cadena tradicional, ha tenido la valentía de desmarcarse del unanimismo mediático que ha favorecido al gobierno Santos y a la izquierda colombiana.

Petro, en una actitud abiertamente antidemocrática y que denota su talante absolutista, ha sido un feroz crítico de RCN y de las empresas que financian la subsistencia de esa cadena de noticias. Es sabido que el canal produce pérdidas, las cuales son afrontadas gracias al músculo financiero de las demás empresas de la familia Ardila, fundamentalmente la industria azucarera, que fue objeto de una amenaza esta semana por parte de Petro, quien en una manifestación en plaza pública sentenció que como presidente de la República se apropiará de las fincas que integran al ingenio Incauca.

Petro, como denunció el columnista Mauricio Vargas, está haciendo una campaña política que mueve miles de millones de pesos, todos estos llegados desde Venezuela. Es muy poco probable que un empresario colombiano quiera financiar a Petro. Pero esos despliegues que hace permanentemente en distintos puntos de la geografía colombiana, movilizando a miles de personas en buses, regalando miles de camisetas y gorras con el emblema de la “Colombia humana”, no son gratuitos.

Como no es gratuito el acto de villanía que protagonizó cuando subió a la tarima en la que estaba pronunciando un discurso a la señora madre de Claudia Gurisatti. Aquel es un comportamiento inaceptable, casi un mensaje mafioso.

¿Qué pretendía el candidato chavista con abrazar públicamente a la mamá de Claudia Gurisatti? ¿Poner en entredicho la autoridad crítica de esa prestigiosa y seria periodista? Si la señora Barreto va a votar por Petro, es libre de hacerlo, pues estamos en una democracia donde cada quien puede votar por el candidato que más le guste.

En esta campaña, el país ha visto la peor cara de Petro. Un sujeto arbitrario, peligroso, amenazante, agresivo, rencoroso, promotor del odio y de la vindicta. Un verdadero peligro para cualquier sociedad. Ha sido sucio en la campaña. Se ha inventado atentados que solo caben en la imaginación de una persona retorcida que se forjó en las filas del terrorismo.

Pero también se ha metido con las familias de sus contradictores, críticos y rivales. Al difunto padre de Iván Duque lo acusó de haber sido un torturador. Al abuelo del secretario de gobierno de Bogotá –el expresidente Julio César Turbay Ayala-, lo acusó de haber acabado con un hospital en la capital colombiana.

Y ahora, con toda la ruindad posible, trata de silenciar a la directora de noticias de RCN televisión, manipulando a su progenitora, tomándose fotografías con ella y utilizándola como un objeto, todo para quitarse de encima las justas críticas que le hace aquella cadena noticiosa.

Si así es como candidato, no es difícil prever el horrible panorama de una eventual presidencia del chavista y extremista Gustavo Petro.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 30 de 2018