No creo en las revocatorias porque me parece que desnaturalizan el proceso democrático. El vencedor en la contienda electoral debe cumplir su periodo, salvo una excepción extraordinaria motivada por una incompetencia vergonzante o una falta gravísima que le haga indigno para ocupar su cargo. La campaña debe darse por terminada en el momento en el que se cuenta el último voto. Quienes han perdido se convierten entonces en opositores y comienzan desde la crítica a sumar adeptos para la siguiente elección. Pero sí en cambio buscan inmediatamente consumada la derrota, revocar al mandatario electo, antes de constatar de manera honesta e imparcial su indignidad o su incompetencia, se hace un daño terrible a la gobernabilidad, y así también a la democracia.

También la revocatoria, aunque fracase, sirve y mucho para sumar votos, de hecho, es sin duda es más eficiente en ello que la simple y responsable oposición. Afectando la gobernabilidad del mandatario los opositores alcanzan el doble propósito de hacer campaña política de manera anticipada y de contribuir, por virtud de la falta de gobernabilidad que ellos mismos generan al fracaso del mandatario que justifica  la iniciativa de revocar.  Pero la víctima colateral de la crisis de gobernabilidad natural a esta estrategia es el pueblo. La revocatoria debe buscarse únicamente cuando el mandato de quien nos ha vencido en campaña sea más dañino que la solución planteada, so pena de que traicionemos el único propósito que puede justificar moralmente dedicarle la vida a la política, la búsqueda del bienestar de esos a quienes pretendemos gobernar.

No creo en la revocatoria porque no he visto un solo proceso de esta naturaleza que haya estado guiado por la premisa del mal menor.  En cambio, creo en la institución de la renuncia. Las renuncias de los mandatarios que han perdido su capacidad para liderar, son prueba indiscutible de la existencia de una democracia. Lo son porque se producen como consecuencia del trabajo de una oposición que solo puede rendir frutos en la tierra fértil de la negligencia de quien ha sido elegido. Se produce una renuncia cuando la presión ejercida por una mayoría necesariamente abrumadora, revoca la decisión soberana que ha investido a un mandatario con la capacidad para ejecutar.

En la renuncia la presión no la ejercen los perdedores de la contienda electoral como en la revocatoria, donde las firmas necesarias puede sumarlas con facilidad el partido opositor sin que por ello se pueda probar que dichas firmas representen si quiera la voluntad de una mayoría simple.  La presión para que se dé una renuncia, debe venir necesariamente también del clamor de la mayoría de los votantes que apoyaron a quien resultó elegido, en ello radica la legitimidad que a la revocatoria le falta.

Es cierto que en la renuncia hay un provecho político para los opositores también, sí, pero este no es más que la consecuencia necesaria de la sanción política para el partido que apoyó a un mandatario que fracasó estrepitosamente.

La renuncia es una muestra indiscutible de la existencia de la democracia porque cuando sus condiciones se dan sin que la renuncia se produzca se puede saber más allá de toda duda razonable que nos encontramos frente a una dictadura.

@daraujo644

Publicado: abril 1 de 2017