Reapareció el excontralor, excongresista, ex embajador y exaliado de la mafia David Turbay Turbay, condenado en 1999 a 70 meses de prisión por el delito de enriquecimiento ilícito, luego de que se comprobara que él recibió cerca de $50 millones de una empresa fachada de los narcotraficantes Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela.

Como todos los políticos que tuvieron relaciones con la mafia, cuando a David Turbay le correspondió dar explicaciones de sus actos, éste justificó la legitimidad del cheque aseverando que era el pago por la venta de un predio en cercanías a la ciudad de Cartagena.

Otros políticos vinculados con el cartel de Cali fueron más audaces que Turbay y se defendieron diciendo que los cheques recibidos eran los soportes de transacciones de obras de arte.

Nunca en la historia de Colombia se había visto a tantos políticos vendiendo y comprando cuadros, esculturas y alfombras. Lo curioso es que todas aquellas negociacionesse llevaron a cabo con empresas relacionadas con los jefes del cartel de Cali.

El cuento de Turbay era perfectamente inverosímil y así lo confirmó la justicia que pudo establecer que el dinero recibido tenía una destinación específica: financiar su aspiración al Senado en 1994, campaña que respaldaba abiertamente la candidatura presidencial de Ernesto Samper, otro de los grandes beneficiados con los dineros de la mafia.

Turbay, en compañía del cuestionado excongresista Yahir Acuña

El tiempo ha pasado. Todos los protagonistas del proceso 8000 ya pagaron sus penas y han recuperado la libertad. Ahora, envejecidos, con algunos kilos de sobrepeso, pero con su talante inmoral intacto, pretenden reencaucharse en la política.

Sienten que si Ernesto Samper, de los pocos que quedó impune, puede pavonearse por el mundo exhibiendo una sonrisa cínica, ellos también tienen derecho a buscar un espacio en la democracia.

Plantean que si un genocida de la talla de Timochenko puede hacer proselitismo y correr por la presidencia, ellos que “solamente” le vendieron su alma a la mafia, también podrán hacerlo. De hecho, así lo escribió Turbay el pasado 28 de febrero en su cuenta de Facebook: “No hay en Colombia dos Constituciones. A los privilegios que se le otorgan a algunos, por cualquier negociación nacional, pueden tener acceso beneficioso, todos los colombianos que invoquen la aplicación de los mismos…”.

Hace pocos días, trascendió que ese personaje tiene aspiraciones reales de ser el próximo presidente de Colombia, así la condena que le fue impuesta prohíba que él ocupe cargos públicos. Resulta ingenuo esperar que alguien de su catadura, acostumbrado a violar la ley, ahora resuelva respetarla.

Parece un cuento estrambótico, pero no. Es cierto. La candidatura de Turbay se ha convertido en un oasis para toda esa casta de políticos criminales que han recibido dicha aspiración con regocijo. Una fuente de LOS IRREVERENTES comentó que en la cárcel La Picota están de plácemes con la aspiración de Turbay. Alberto Santofimio y El gordo García han ofrecido apoyos. A ellos, seguramente, se les sumarán los protagonistas del proceso 8000, la denominada parapolítica y demás escándalos.

Por ahora, Turbay, recurriendo a unos mensajes floridos, anacrónicos y cargados de falsedades, avanza con su campaña a través de Facebook, donde ha publicado fotos de reuniones con Yahir Acuña, de quien se puede decir cualquier cosa menos que sea un hombre pulcro y respetuoso de las leyes.

La meta de Turbay, quien anunció que concurrirá a la convención del partido Opción Ciudadana, es la de quedarse con el aval de ese partido cuyo dueño es el controvertido y también condenado Alberto El Tuerto Gil.

De prosperar la candidatura de Turbay, el próximo tarjetón presidencial, en el que se incluirán las fotografías de él y de Timochenko, más parecerá una boleta de captura que un tiquete para la elección democrática del presidente de la República.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 13 de 2017