En el prólogo de su monumental obra ‘La rebelión de las Masas’, el pensador español José Ortega y Gasset hace un planteamiento que se ajusta perfectamente a lo que está sucediendo actualmente en Colombia: “Hay, sobre todo, épocas en que la realidad humana, siempre móvil, se acelera, se embala en velocidades vertiginosas”.

Desde el mismo instante en que se confirmó la victoria de Iván Duque, su contendor, el terrorista del M-19 Gustavo Petro anunció que convocaría permanentemente a los sectores radicales de la izquierda para que enfrentaran al gobierno a punta de manifestaciones callejeras.

No fue una amenaza. Quienes conocen el talante altanero de Petro sabían que iba en serio. Su estrategia iba a ser similar a la que en su momento implementó López Obrador en México cuando perdió las elecciones presidenciales frente a Calderón.

López Obrador -como Petro- alegó que se había cometido un fraude en su contra, sin presentar -como Petro- pruebas ni evidencias. La retaliación de ese líder neocomunista -como Petro- fue la de llenar las calles con revoltosos encargados de poner en jaque al gobierno legítimamente constituido de Felipe Calderón -como Petro-.

La reforma tributaria que presentó el gobierno de Duque fue una excusa para que la turbamulta se lanzara a las calles. Esa gente seguidora de Petro estaba, como perros hambrientos, esperando la oportunidad para darle rienda suelta a sus desafueros. ¿Conocían el texto de la reforma? Claramente no lo habían leído, cosa que seguramente tampoco hicieron ni Petro ni su correveidile, el sucio autor de novelas de baja factura Gustavo Bolívar. Y mucho menos los indígenas de la tristemente célebre Minga que son, en realidad, una bandola agresiva y revanchista que abusando de su condición de minoría étnica se dedican a amenazar y a extorsionar a los gobiernos con el fin de obtener inmerecidas ventajas, subsidios y privilegios.

El objetivo no era hundir la reforma tributaria. La meta de los seguidores de Petro, que proceden como seres enajenados consiste en derrocar al modelo democrático.

El inevitable retiro del proyecto tributario no calmó los ánimos de los revoltosos. Tampoco el anuncio de la renuncia de Alberto Carrasquilla al ministerio de Hacienda.

Ahora exigen que el gobierno retire buena parte de su paquete legislativo, como la reforma a la Salud. Y seguramente demandarán la renuncia de otros miembros del Gabinete, como han hecho con el propio presidente de la República.

El riesgo trasciende a Duque. Acá lo que está bajo amenaza es la libertad democrática que se encuentra en la mira de la rebelión socialcomunista. Volviendo a Ortega y Gasset en su ‘Rebelión de las Masas’, se haya una radiografía que parece escrita para las circunstancias actuales de Colombia: “Hoy asistimos al triunfo de una hiperdemocracia en la que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales presiones, imponiendo sus aspiraciones y sus gustos. Es falso interpretar las situaciones nuevas como si la masa se hubiese cansado de la política y encargase a personas especiales su ejercicio. Todo lo contrario. Eso era lo que antes acontecía, eso era democracia liberal. La masa presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de los políticos entendían un poco más de los problemas públicos que aquella. Ahora, en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café. Yo dudo que haya habido otras épocas de la historia en que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo. Por eso hablo de hiperdemocracia”.

La obra de Ortega y Gasset fue publicada en 1929.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 4 de 2021