Cada elección trae su afán, sus características y sus diferencias, pero esta en particular tiene unas individualidades que la hacen muy especial. Definitivamente, la pasada primera vuelta puede convertirse ser el punto de quiebre entre la vieja y la nueva política. Trataré de explicar cuáles son las razones que me llevan a decir esto.

El primer tema de relevancia que hubo en esta elección es la abstención. Las elecciones en Colombia históricamente han tenido una abstención por encima del 50% -por ejemplo, en la primera vuelta del 2014 votó el 40.09% del censo electoral y en la segunda vuelta lo hizo el 47.97%-, pero esta primera vuelta del 2018 tuvo una participación del 53.38%. De hecho, hay casos como el de Bogotá donde votó el 64.98% del censo, en números votaron alrededor de 800.000 personas mas.

La importancia de esta mayor cantidad de votantes es la menor preponderancia que tiene la mal llamada maquinaria o los votos amarrados frente a el voto de opinión. Como todos sabemos, el primero es costoso, se debe aceitar, transportar y administrar, mientras que el segundo es de generación espontanea.

Ligado a este tema está el de qué tanto valor tuvo el voto amarrado en estas elecciones. En el año 2014, este voto representó más del 50% de los votos validos mientras que en esta elección no representó más del 15%. De hecho, el candidato que trató de pasar a la segunda vuelta apoyado por la maquinaria de los partidos apenas obtuvo algo más del 7%.

Otro de los temas relevantes es el fin de la hegemonía de los partidos tradicionales. Casi llegando a su muerte, el Partido Conservador no se presentó y se fue con dos candidatos, mientras que el Partido Liberal se empecinó en llevar un candidato a la primera vuelta y ni siquiera pudo llegar al umbral; obtuvo apenas el 2% de los votos.

El crecimiento de la opinión está ligado a una mayor participación de la juventud, al auge de las redes sociales en la política y a la creciente indignación de la ciudadanía frente a la corrupción galopante que tenemos.

Los tres primeros candidatos -y por ende los dos que pasan a la segunda vuelta- no tienen maquinaria. Su votación proviene de opinión y la segunda vuelta se verá una muy buena batalla ideológica entre el candidato de la izquierda populista y la derecha o centro derecha. 

Esperamos que prevalezca la cordura entre los votantes y no caigamos en el hueco en el que se encuentra Venezuela junto con otros países de la región. Al ser de opinión los votos del tercero en la contienda, se debe esperar los primeros sondeos para saber hacia donde van estos. Si se fueran en bloque, elegirían al nuevo presidente.

Por último, en esta primera vuelta se salvó la honra de las encuestadoras. En general, quedaron muy cerca de los datos reales. Llevaban con muy poca credibilidad desde el plebiscito y si no acertaban esta vez, se les iba a complicar el negocio.

@SANTAMARIAURIBE

Publicado: mayo 30 de 2018