Pobre el país en que el ejercicio de la política es el odio. Increíble que toda la política nacional de los partidos de oposición en Colombia gire en torno al odio al presidente Álvaro Uribe Vélez, tal vez el líder más importante de la nación en los últimos cincuenta años.

Con tal de estar en contra de lo que fue su exitosa política de seguridad democrática y de convertirse en el muro de contención del comunismo, han logrado sus detractores satanizar su figura política, basada en lo que el innombrable llamó: “amigos o enemigos la paz”. Apoyada esta en el poder omnímodo del sistema judicial. El Dr. Uribe Vélez se prodigó en su contra todo el poder judicial, al revelar la politización de este, la que se dejó comprar por prebendas políticas del gobierno del innombrable (da pavor mencionar su nombre), en lo se conoce como “El Cartel de la Toga”. El que tiene a varios magistrados de la Corte Suprema huyendo y otros detrás las rejas.  

No tiene nada de raro ese enfurecido ensañe, eso pasa casi siempre con los grandes hombres.

¿Qué no hicieron sus opositores para denigrar del presidente Rafael Núñez, sobre todo los bogotanos? Dicen que hasta lo asesinaron. ¿Cómo murió el libertador Bolívar? fustigado, denigrado, pobre, hasta tal punto que tuvieron que vestirlo para su mortaja con ropa prestada.

¿Cómo terminó Napoleón Bonaparte, el militar y emperador que dominó el mundo europeo por mucho tiempo? encerrado en una celdilla de pocos metros cuadrados, olvidado en una isla remota que no salía siquiera en el mapa.

Pero lo peligroso de esa política de odio es que podría llevar al país por el camino tortuoso del marxismo y la estatización de la economía, del que generalmente no hay ruta de regreso, y que podría propiciar una sangrienta guerra civil, porque los colombianos no son como los cubanos ni como los venezolanos, acuérdense que aquí hay antioqueños impetuosos, llaneros altaneros, costeños apasionados, colombianos de racamandaca, dispuestos a dar la batalla. El odio exacerbado podría llevar el país a su destrucción. Solo mirar en el vecindario lo que ha pasado con Venezuela y Cuba.

El odio, mezclado en un coctel peligroso con el populismo y la insatisfacción general de las clases bajas y media del país, podrá llevarnos por el camino sinuoso antes mencionado, donde se comprobará como ya está suficientemente experimentado que el remedio será peor que la enfermedad.

Pero el odio es tal que las gentes saben que la medicina no servirá. Sin embargo, apoyarán en las urnas el desatino que se sería un eventual gobierno de Gustavo Petro, el que se ha demostrado con estadísticas que su paso por la alcaldía de Bogotá fue un pésimo ejercicio, soportado en la política de que si yo estoy pasándolo mal que también lo pasen mal todos los demás.  Y que es preferible junto con la barca que nos hundamos todos.

@GabrielTorices

Publicado: mayo 19 de 2022