Un sentimiento negativo hacia sus opositores políticos, mueve a los máximos representantes de la izquierda colombiana: Gustavo Petro, Jorge Robledo e Iván Cepeda. El odio que destilan sus acciones es atribuible al castigo recibido en las urnas durante décadas, y al inmaterializado sueño de gobernar el país. 

El primero de ellos, Petro, ha forjado su carrera política sobre los cimientos del mismo odio que lo llevó a enfilarse en el movimiento guerrillero M-19, responsable de la modalidad de secuestro extorsivo en Colombia. Toda una mafia organizada con supuestos ideales políticos, pero que no desaprovechaba oportunidad para causar dolor al pueblo colombiano. 

Su método siempre ha sido el mismo: promover el odio de clases a través del demagógico discurso con el que logró polarizar a la ciudad de Bogotá durante su mandato. 

Ahora, como una muestra más de su animadversión, producto de la derrota en la última contienda presidencial, ha modificado su consigna populista por una vil e incendiaria, que busca desencadenar el caos en el país por cuenta de continuos llamados a la manifestación violenta, en contravía de las intenciones de construcción social con que ha venido trabajando el gobierno de Iván Duque. 

Pero Jorge Robledo no se queda atrás, la frustración de haber sido (antes que Petro) la cabeza visible de la izquierda en el país, y haberse quedado en solo aspiraciones a la Presidencia, es y será el motivo de su recurrente odio contra el sistema. 

Robledo es especialista en ‘meter cizaña’. De hecho, hace pocos días vieron la luz varias grabaciones en las que se oye al senador incentivando a los camioneros a cesar actividades, con la intención de paralizar al país.

“Los que gobiernan son sus enemigos. Lo voy a decir más duro: César Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, (Iván) Duque, son los mismos. La mayoría del Congreso, casi la totalidad del Congreso, son los mismos, ellos están contra ustedes”, reza su discurso, evidentemente cargado de rabia, de rencor, de oportunismo, y con la intención de poner a la población en contra de la clase política. 

Sin embargo, el odio de Cepeda es aún más profundo y tiene raíz en el crimen que marcó el fin de la vida de su padre, Manuel Cepeda Vargas, un exmilitante de la Unión Patriótica. El rencor que alberga el senador lo ha llevado a iniciar una persecución contra los miembros de la centro-derecha colombiana, en cabeza del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez. 

Para intentar perjudicar a Uribe, el senador Cepeda ha llegado al punto de recorrer las cárceles del país para ofrecerles beneficios a los presos a cambio de atestiguar en su contra, ruin proceder que solo podría ser motivado por el sentimiento negativo que mueve a los líderes de la izquierda. 

Los precedentes de odio que evidencian las carreras de cada uno de los citados congresistas, son motivos suficientes para que su historial electoral se repita una y otra vez. En síntesis, los colombianos tenemos el deber de impedir que personajes de esa calaña lleguen al poder. La política de odio de los senadores no puede convertirse en algo normal, pues es la peor forma de violencia.

@JenniferAriasF

Publicado: diciembre 13 de 2018