El pasado 21 de marzo la UNESCO celebró el Día Mundial de la Poesía, proclamado así durante su 30º periodo de sesiones que se celebró en París en 1.999.

Uno de los principales objetivos de tal celebración, es apoyar la pluralidad lingüística a través de la expresión poética.  Por otra parte, entre muchos otros propósitos de este día, se encuentra el de promover la enseñanza de la poesía y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como lo son el teatro, la danza, la música y la pintura. 

La historia de Popayán ha estado repleta de grandes intelectuales que aportaron enormemente a la solidificación de las letras, recordemos por ejemplo al poeta Rafael Maya o al inolvidable Maestro Valencia, este último recientemente -20 de octubre- cumplió 145 años de su natalicio; y como ellos, son muchos -se nos iría todo este texto nombrándolos- los que han deleitado al lector con sus finas y emocionantes letras, las cuales una vez leídas quedan tatuadas en el corazón. 

Creería yo, que aquella meta de promover la poesía debe ser una tarea diaria, tanto en los hogares como en las escuelas. La poesía impulsa la imaginación, estimula el cerebro, pero sobre todo sensibiliza el corazón. El mundo de hoy vive al cien por ciento, y esto ha llevado a que el sentido de vecindad y de solidaridad se esté extinguiendo, generando así una cultura –cada vez más arraigada- de importaculismo. Y es aquí en donde la poesía puede ser el motor que encienda aquella llama que en otrora existía. La caballerosidad y el don de dama pueden resurgir nuevamente, y para ello lo único –pero nada sencillo- que se requiere es la voluntad social, en cualquiera de sus formas, para que tal ideal se convierta en una realidad.

Para la juventud de hoy día, las cartas, los detalles, los mensajes y el simbolismo no tiene mayor trascendencia; por el contrario, resulta cursi y es objeto de mofa si alguien intenta exteriorizar aquellas muestras de afecto y cariño, y ese “matoneo” ha llevado a que muchos prefieran optar por el camino del “piropo morboso” en lugar del mensaje romántico.

Quienes gustamos de la poesía debemos pensarla, vivirla y practicarla todos los días, para así enamorarnos de la vida misma, que es un pestañeo y a veces nos olvidamos de respirar y sonreír y dar gracias por tenerla y compartirla con quienes queremos o amamos.

Recordemos y salvaguardemos el legado de nuestros ancestros, que son muchos quienes vivían con el corazón y respiraban por el amor. Esta lucha no se ha perdido, nos debemos a nuestra historia, y como tal debemos rescatarla, recordarla y rendirle honores.

@AndresSaavedra_

Publicado: octubre 25 de 2018