En las bancas del parque Simón Bolívar de Montería, donde los nativos  se reunían todas las tardes, se ideaban las preguntas más curiosas .Así, mataban la tarde. En una ocasión hablando del Hospital San Jerónimo (el viejo), escuche esta disertación. ¿Cuántos empleados tiene el hospital de Montería? La replica: ¡el número de baldosas que tienen sus pisos! Una fórmula de nuestro clientelismo parroquial: un empleado por baldosa. Los empleados llevaban sus propias sillas, esperaban que se fuera los de turno en la mañana y con cupo libre se estacionaban en la tarde.

Con estas proporciones el hospital viejo fue cerrado y entregado como patrimonio a la Fiscalía. Allí funciona este ente de control. Con ilusión, tardanza y expectativas llego el nuevo hospital. Se inauguró con  refinada  tecnología e incluso se  botó corriente sobre cuál sería su nombre. Pero la peste llego con él y hoy es un muerto más de nuestro sistema de salud y de la triste  crisis hospitalaria.

Varias veces intervenidos, directores cuestionados, interventores investigados o presos, junta directiva maniatada con gerentes duplicados. Sin dolientes. Miren estos números: tiene un pasivo de casi 65 mil millones. Una cartera sin depurar de 120 mil millones. Un gasto mensual de 4 mil millones y una facturación mensual de 2.3 mil millones. De las 240 camas solo un porcentaje funciona. Camas de urgencias insuficientes y sus ladrillos fríos el hospedaje del dolor de quienes ingresan exhaustos por la espera. No existe una varita mágica que cambie estas cifras, pero esto sí: un talego insaciable para recibir cuando llega oxigeno extra.

Hoy, inexplicable, se están haciendo algunas obras urgentes de remodelación. Cuentan que al lado de los Servicios de Urgencias, los trabajadores han encontrados de todo que solo describiéndolos pueden entender las condiciones de salubridad en que se atienden a pacientes (gatos y ratones en convivencia)  y acúmulos de deshechos. Medicamentos vencidos y pacientes mendigando para comprar los remedios, metáfora de la crueldad.

La peste en su máxima contagio. Los médicos han sufrido por todos los los lados. Algunos desilusionados abandonaron el ejercicio, otros  despedidos injustamente. Pero hay que señalar también a los que cobraban salarios sin hacer presencia o prestar servicios. Que tal esos, mesadas pensionales inmerecidas. Desgreño administrativo (no hay orden en las cuentas por pagar) ,desidia; incompetencia en los nuevos nombramientos  y  lo peor: abandono ciudadano.

Compresas de agua tibia (si las hay) es la nueva intervención. El hospital San Jerónimo es inviable, debe ser liquidada su razón social.

@Rembertoburgose

Publicado: febrero 15 de 2019