Completamente indignante es ver cómo Claudia López ha desplegado una innecesaria y dañina oposición a la mayoría de las decisiones que ha tomado el Gobierno Nacional para mitigar los efectos de la pandemia. En momentos donde la unión debería ser superior a las ambiciones personales, la conducta desplegada por la Alcaldesa da pie para aseverar que sus actuaciones responden a una clara estrategia que no busca otra cosa distinta que sacar rédito político de la crisis.

Como tal, de los 32 Gobernadores y 1.103 Alcaldes del País solamente Claudia López ha confrontado permanentemente los anuncios del Presidente. Lógicamente la Alcaldía de Bogotá es única. Al ser el segundo cargo de elección popular más importante de Colombia, quien ostente esta dignidad tiene una fuerza política especial respecto de los demás burgomaestres.

Sin embargo, eso no implica que los restantes mandatarios territoriales no pongan el grito en el cielo cuando consideren que alguna medida del Gobierno Nacional perjudique los intereses de sus regiones. En este contexto, no deja de ser curioso que la única voz de protesta en el País provenga del Palacio de Liévano.

Por ejemplo, los Alcaldes de Medellín y Cali no son de la misma corriente política del Presidente, pero eso no ha impedido que el Gobierno Nacional y los municipales trabajen articuladamente para proteger al pueblo colombiano del mismo enemigo común. Antes que afiliaciones partidistas, está la defensa de la vida. 

Siendo esto así, ¿por qué el desmedido afán de Claudia de oponerse al Presidente?

Es más que claro. Ella es consciente que si expone públicamente a Duque como un mandatario al que le quedó grande manejar la crisis, lo que hace es pavimentar la campaña Presidencial de Fajardo para el 2022. Claudia ya fue su fórmula vicepresidencial y la eventual llegada del ex Gobernador de Antioquia al Palacio de Nariño le abriría las puertas a su aspiración personal en 2026.

Además, Claudia juega con otro as bajo la manga. La recuperación económica del País depende en buena medida del comportamiento que ocurra en Bogotá. Esta ciudad es la responsable del 25% del PIB y más del 43% del impuesto de renta de Colombia. Por ende, entre más se postergue la reactivación empresarial de la capital menores serán los índices de crecimiento que tendrá la Nación, lo cual, a su vez, termina generando una calificación negativa a la gestión del Presidente.

Por eso, ha llegado a plantear propuestas tan absurdas como mantener la ciudad cerrada hasta que no exista una vacuna, lo cual perfectamente puede tardar de 12 a 18 meses o se ha rasgado las vestiduras con la progresiva reactivación empresarial que estableció el Gobierno, la cual permitirá proteger más de 1.7 millones de empleos que están vinculados a los subsectores de la construcción y las manufacturas que entrarán en operación esta semana.

Desafortunadamente, una vez más, Bogotá terminó convertida en un trampolín que usan los Alcaldes de turno para propulsar campañas presidenciales. Ya lo había hecho Petro entre 2011 y 2015 y las consecuencias fueron desastrosas. Ahora, Claudia recorre el mismo camino populista que no se preocupa por el devenir de la ciudad, sino que simplemente busca explotar electoralmente cualquier coyuntura para satisfacer ambiciones individuales.

@LuisFerCruz12

Publicado: abril 29 de 2020