Los días del ahora expresidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, estaban contados. La arremetida del santismo incrustado en el ministerio de Minas -liderado por la ministra María Fernanda Suárez-, fue demoledora. 

El motivo que aceleró la declaratoria de insubsistencia de Morelli, uno de los pocos altos funcionarios uribistas del gobierno Duque, es un supuesto acto de corrupción, relacionado con el arrendamiento de unas oficinas para el equipo fiscalización de la ANH.

Es evidente que en dicho contrato hubo algo turbio, pero la responsabilidad no está en la ANH, sino en el propio despacho de la ministra María Fernanda Suárez. 

Uno de los primeros nombramientos que hizo la Suárez, luego de el que presidente Duque la designara como ministra de Minas y Energía, fue el de su vieja amiga y socia Marcela Bejarano, a quien le asignó las funciones de secretaria privada.

Además de los negocios y la amistad íntima, a Suárez y Bejarano las une su fidelidad al gobierno de Juan Manuel Santos. 

Los secretarios privados de los ministros tienen acceso a toda la información y, como se pudo evidenciar, la señora Bejarano pudo finiquitar un multimillonario negocio gracias al conocimiento que tenía de los pormenores del negocio en cuestión. 

Se trataba del proceso del alquiler de las oficinas que requería la ANH. Dicho inmueble pertenece al grupo Sarmiento Angulo. Mientras se adelantaba el proceso de selección y de presentación de las respectivas solicitudes para efectos de que el ministerio de Minas extendiera la respectiva autorización, el esposo de la secretaria privada Marcela Bejarano, el señor Felipe Amaya Monsalve, representante legal de la empresa AB Consultores Colombia S.A.S, se adelantó y alquiló dicha oficina para luego proceder a subarrendársela a la ANH.

En el certificado de la Cámara de Comercio, se lee que el correo electrónico para notificaciones judiciales es el de la amiga, secretaria privada y socia de la ministra Suárez, Marcela Bejarano.

Cuando el ministerio conoció esa situación, en vez de hacer los cuestionamientos a la Bejarano -que ya había salido de su cargo como secretaria privada-, prefirió tender una cortina de humo y desviar la atención hacia Luis Miguel Morelli, con quien la ministra Suárez tuvo permanentes roces. De alguna manera, entre la ministra y el presidente de la ANH, se vivió un pulso entre el santismo hirsuto y el uribismo puro. 

Aparecen los “anónimos”

De manera muy conveniente, en julio del año pasado apareció un primer anónimo firmado por un supuesto veedor ciudadano de nombre Emiliano Leguizamón Vargas. El nombre es falso y no corresponde al número de cédula inscrito al pie de la firma. En dicho anónimo se hacen cuestionamientos a supuestas irregularidades. 

Luego de una minuciosa investigación a la que tuvieron acceso LOS IRREVERENTES, se pudo determinar que la autora de ese primer anónimo, se cuidó de incluir su nombre entre la lista de nombramientos cuestionables. 

Aquel anónimo, no repercutió, precisamente por tratarse de una nota apócrifa. 

Hace pocos días, el 18 de enero, esta vez utilizando el nombre de “Aura Clemencia Mejía Arroyo”, volvió a aparecer la redactora de anónimos para lanzar acusaciones sobre la vida privada y familiar de Luis Miguel Morelli. 

El anónimo le fue remitido a la ministra Suárez, quien de inmediato dio instrucciones para que su viceministro Diego Mesa convocara de manera urgente a un consejo directivo de la ANH. Morelli, extrañado, se limitó a responder que estaba presto a atender la convocatoria para analizar el anónimo que se inmiscuye en temas que no son de interés profesional, habida cuenta de que se trata de una colección de infamias sobre su intimidad familiar.

La autora de los anónimos, es una mujer que Morelli despidió por su probada incompetencia y dificultades laborales. Se trata de una señora con serias dificultades que en el pasado ha llegado al extremo de enviarse amenazas a si misma, hecho que misteriosamente no ha sido investigado a profundidad por la fiscalía general de la nación. 

Lo cierto es que la ministra Suárez, se salió con la suya. Hábilmente, logró desviar la atención de la verdadera responsable de la irregularidad en el arrendamiento de la oficina, salvándole el pellejo a su vieja amiga y ahora exsecretaria privada, Marcela Bejarano y, de paso, sacó del camino a su rival, Luis Miguel Morelli.

Al final, los funcionarios deben ser medidos y calificados por sus resultados profesionales. Así el gobierno, con toda la infamia quiera insinuar que Morelli cometió actos irregulares -sin mostrar una sola evidencia, ni aclarar por qué si Morelli estaba envuelto en corrupción no lo denunciaron ante la fiscalía-, el expresidente de la ANH hizo una gestión maravillosa, pues en pocos meses logró reactivar al sector de hidrocarburos de nuestro país, ese mismo al que Santos -el jefe político de la ministra Suárez- destrozó. 

En un año y medio, la ANH recaudó más de $1 billón de pesos y, los que es mejor, logró la suscripción de más de 30 contratos de exploración y producción, con los que se comprometieron inversiones por varios miles de millones de dólares.

El viernes de la semana pasada, Morelli fue informado de una tragedia familiar. Se vio obligado a viajar de emergencia a Nueva York para hacerle frente a la situación. Le solicitó un permiso de dos días a la ministra Suárez y le imploró al viceministro Diego Mesa que le ayudara con ese trámite. 

Mientras estaba pendiente de la grave situación médica de su hija, a Morelli no le llegó la notificación del permiso solicitado, sino el decreto de insubsistencia. Aquel hecho pinta de cuerpo entero el talante de la santista María Fernanda Suárez y del viceministro Mesa.

En el uribismo, la noticia cayó como un baldado de agua fría, pues Morelli es visto como uno de los funcionarios más importantes de ese partido en el gobierno. Y la Casa de Nariño, ahora tendrá que mostrar las supuestas pruebas que dice tener en contra de quien hasta ayer estuvo al frente de la ANH.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 19 de 2020