Y nada que llega la paz, a pesar de los anuncios del presidente Juan Manuel Santos. Tantas veces lo dijo, tantas veces nos amenazó con la llegada de la paz, en cuanto se firmaran los acuerdos de La Habana.

Con sorna e ironía se refería a quienes tenemos reparos de fondo al proceso de paz con las Farc. No se quitan de mi mente aquellas expresiones que nos dirigía permanentemente ante cualquier cuestionamiento, guerreristas, mentirosos, no quieren vivir en paz, ridiculizándonos ante propios y extraños.

Haber tenido el descaro de venderle al mundo un proceso absolutamente mal construido, un proceso de palabra y pocos hechos, donde lo único que está claro y bien construido es la impunidad de las Farc. De nada han valido los llamados de varios sectores de la comunidad internacional sobre el tema, la impunidad reinará, dando un pésimo ejemplo a las generaciones futuras. Queda claro que matar y traficar drogas, así como hacer terrorismo paga en Colombia. No creo yo que el resto del mundo apruebe estas prácticas para sus países.

Y al tiempo de toda la parafernalia y el exhibicionismo de la construcción tardía y de mala calidad, según las Farc, de las zonas de concentración, en Colombia seguimos sometidos al terrorismo.

Me podrán decir que no son las Farc, en gracia de discusión, se los acepto, pero claramente Santos nos repitió y le repitió al mundo que con la firma del acuerdo llegaría la paz. Ni siquiera tuvo el valor de explicarle al mundo que la violencia de las Farc representaba solo un 20% de toda la violencia en Colombia. Habiendo entregado a las Farc más de lo que se podía, tanto en normatividad como en recursos, ¿qué queda para salvar a Colombia de ese 80% de violencia que hoy continúa?

Por mencionar algunos casos recientes, bomba contra policías en Bogota.  Heridos veintiseis y cuatro al parecer perdieron un ojo.  Sigue la voladura de oleoductos, contaminando nuestros ríos y generando daños irreparables en el ecosistema.

Ni hablar de la seguridad urbana. Es imposible en muchas ciudades del país. Atracos, robos a almacenes, restaurantes, bandas y pandillas que abundan, asesinatos por robar, paseo millonario, fletero, robo de ganado, extorsión, secuestros, en fin.

Esto requiere atención inmediata, es el diario vivir de los colombianos, es la calidad de vida la que está en juego. Me pregunto ¿cómo va el gobierno a resolver estas situaciones de violencia, tan graves como cualquier acto de terrorismo de las Farc?

Es que los colombianos del común también cuentan, presidente Santos. Esos colombianos estamos esperando la solución para ese 80% de violencia que sigue como si nada hubiera pasado en nuestro país. Ese 80% de violencia que no ha sentido el proceso de paz, que según usted, llevaría a la paz inmediata.

No nos engañe más señor presidente y más bien dedíquese a combatir el flagelo de la inseguridad que nos amenaza y nos acaba como sociedad. Déjese de tanto cuento almibarado de inexactitudes e incoherencias que ya no aguantamos más.

No siga jugando con un pueblo que ha sido bondadoso y le ha aguantado todas sus mentiras y contradicciones con la paciencia del Santo Job.

Le queda tiempo, aún, para dedicarse a luchar de verdad contra la violencia y la inseguridad que hoy traga a Colombia.

P.D. No olvide señor presidente Santos, que colombianos somos todos, aunque en su corazón haya algunos de primera categoría.

@AliciaArango

Publicado: febrero 22 de 2017