Desde que era candidato, el señor William Dau hizo fama -mala fama- por su lenguaje soez, cargado de insultos y vulgaridades contra sus rivales.

Es cierto que la clase política tradicional de Cartagena es la culpable de la debacle de esa ciudad. También lo es, que las casas políticas de siempre, se han encargado de apropiarse del presupuesto de la capital de Bolívar.

Era imperativo arrebatarle el poder a los corruptos cartageneros para efectos de reconstruir a la que es, de lejos, la ciudad emblemática en materia turística de nuestro país. 

El señor Dau surgió como un candidato cívico, desmarcado de las caducas estructuras politiqueras de Cartagena. Al principio de la carrera, muy pocos creyeron que fuera a imponerse, pues se enfrentaba a dos pesos pesados: William García Tirado y Yolanda Wong. 

Ante el desespero que genera la corrupción, la opinión pública de Cartagena empezó a fijarse en Dau, quien fue percibido como un candidato honesto, sin pasado en la política. Con el voto de 113 mil ciudadanos, se impuso en unas apretadas elecciones. Su rival, perdió por 11 mil sufragios. 

Desde siempre, se ha advertido su falta de conocimiento en el manejo de los asuntos públicos. 

A ello, se suma la dificultad que tiene para gobernar sus impulsos y emociones, motivo por el que no son pocos los que consideran que Dau requiere de ayuda profesional para controlar sus desafueros. 

Con ocasión de la pandemia del coronavirus, los cabildos municipales se han visto forzados a reunirse virtualmente para ejercer el respectivo control político sobre las administraciones locales. Y Cartagena no es la excepción. 

En las últimas horas, ha circulado la grabación de una reunión virtual de Dau con los concejales de su ciudad. En medio del debate, el alcalde se descontroló y, de la nada, empezó a increpar con palabras de gruesísimo calibre a los cabildantes, entre los que había mujeres,. 

Las autoridades tienen el deber de intervenir. Durante la campaña, fue evidente la inclinación del procurador Carrillo por Dau, pero eso no lo exime de su responsabilidad de ser juez disciplinario de ese funcionario que evidentemente transgredió el código disciplinario único. 

Los alaridos y vulgaridades de Dau, además de delatar su desequilibrio, ponen en evidencia su incapacidad para gobernar. Hace pocos días, se presentó un caso delirante. 

En efecto, la alcaldía de Cartagena emitió un decreto para regular las salidas a la calle de los ciudadanos, durante la cuarentena. Al señor Dau se le olvidó incluir en la norma a las cédulas que terminan en los números 9 y 0. 

Al percatarse de la equivocación, grabó un video en el que pidió perdón por el hecho. Aquello, que para algunos puede ser catalogado como un hecho anecdótico, ratifica la inexperiencia del alcalde y la falta de preparación de su equipo de colaboradores. 

Lo cierto es que la bajeza del señor Dau le hace un flaco servicio al debate político y a la vida en democracia. Él tiene todo el derecho de estar en contra del concejo de su ciudad, pero ello no lo habilita para insultar a todos los integrantes de aquel cuerpo colegiado.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 14 de 2020