Gustavo Petro, desde finales del año pasado ha mostrado un crecimiento constante en las encuestas y empieza a tomar distancia de sus más cercanos seguidores. Algunos de los analistas políticos han entendido que este fenómeno obedece a que la izquierda representada por el candidato1 presidencial ha tenido éxitos, porque “ha logrado sintonizarse con el país y entender las problemáticas que realmente afectan a los colombianos de a pie”, pero no hay nada más lejano de la realidad que esa afirmación.

El fenómeno Petro, que continúa tomando fuerza por estos días no obedece al hecho de que la “Colombia Humana” plantee soluciones reales a la crisis por la que atraviesa el país, el auge del petrísmo, a pesar de su pésima administración en la alcaldía de Bogotá, donde creó una nómina paralela mediante contratación directa, obedece a su discurso de perseguido político, que utiliza no sólo para dividir a los colombianos entre ricos y pobres, sino para renacer una anacrónica y perversa lucha de clases ahondando así el odio que dice combatir.

La izquierda -y con razón-, ha sabido capitalizar el desastre de la reciente administración presidencial, que se ha visto involucrada en numerosos casos de corrupción, una administración a la que le quedó grande el territorio nacional, y que hoy nos entrega un país más inseguro, en el que la economía está en desaceleración, y el costo de vida ha aumentado significativamente al igual que el desempleo.

El descontento generalizado de los colombianos, ha hecho que la política sea percibida como una suerte de budismo en el que las maquinarias de siempre reencarnan en “nuevas caras”, lo que ha consolidado un imaginario colectivo en la ciudadanía, en el que no sólo se cree que todos los que intervienen en lo político son corruptos -como los ñoños o los musas-, sino que además hacen parte del denominado “establecimiento”. Permitiendo ello, que el discurso populista que Petro profesa, sea de recibo en todos aquellos colombianos que están desencantados de la política y que ven en el Estado un opresor más que un amigo.

Por eso, la oportunidad que hoy nos da la izquierda y su alza en las encuestas, es la de eliminar ese imaginario colectivo, tener la convicción de recuperar la confianza de los colombianos, demostrar que la salida a la crisis por la que atraviesa el país, no está en el método que plantea Petro de expropiar y regalar, sino que la salida a esta situación, está en fortalecer la iniciativa privada, dinamizar la economía y enseñarle a la ciudadanía que son ellos los que tienen el poder de elegir, pero que esa elección debe estar orientada por la real convicción de lo que se quiere y no por el desencanto que pudo generar un mal gobierno.

@SamuelHoyosM

Publicado: febrero 23 de 2018