¡Oh que noche más oscura! Qué periodo tan negro el que vivió la patria entre los años 2010 al 2018. Es como si hubiéramos retornado al pasado. Todo lo que sucedió en ese periodo tiene las características del oscurantismo de la Edad Media.

La búsqueda de la paz ha sido una constante en todos los gobiernos. Todos los presidentes desde hace cinco décadas han estado tras ese anhelado deseo, cuyo conflicto nace desde la misma fundación de la República. 

Pero nunca un proceso fue tan oscuro como el que acabamos de vivir entre los mencionados años.

El saber popular conoce el oscurantismo como la práctica deliberada para evitar que determinados hechos y conocimientos no sean difundidos al grueso de la población y sea solo exclusivo de una élite.

Propósito que tiene dos sentidos: la restricción a la difusión del conocimiento de los hechos y la práctica de una oscuridad deliberada, caracterizada por la incertidumbre. Se podría decir que de mentira en mentira el gobierno Santos llegó con aparente “éxito” al engaño final.

La mentira, la manipulación de la información fue la más eficaz herramienta política para ese propósito. Existe un dosier realizado por periodistas serios, de todas las mentiras utilizadas en ese gobierno para lograr aprobar el Acuerdo de La Habana. Proceso que tenía un solo propósito: ganar un premio Nobel de Paz.

¿Pero qué quedo de la paz de Santos? Un diploma colgado en la pared, una medalla en el pecho, una delincuencia desaforada cuyo único fundamento es ir tras las riquezas de la cocaína, que protege el acuerdo de La Habana, un país atomizado por una de las más eficaces herramientas del oscurantismo: dividir entre el bien y el mal, entre enemigos y amigos de la paz.

El oscurantismo es fundamentalmente antidemocrático, ya que considera a la gente incapaz de conocer los hechos y la verdad sobre los temas del gobierno. ¿Acaso no fue antidemocrático violar la voluntad del pueblo colombiano cuando dijo NO al acuerdo de La Habana? ¿Acaso no es antidemocrático y oscuro comprar conciencia con las arcas del Estado?

¿El gobierno Santos no estaba acaso cargado de formas oscuras para ocultar la verdad de lo que acontecía? Es el oscurantismo en su más pura expresión: lo ilegal se convierte en legal y viceversa, el idioma es utilizado para esconder el conocimiento de la realidad, y convertirlo en una cosa difícil de entender.

No se pueden negar las similitudes de ese gobierno con el oscurantismo de la Edad Media: Restricción del conocimiento, dejándolo en manos de una élite y al pueblo en la más llana ignorancia. Dificultad para acceder al conocimiento, que se basa en hacer más intrincado el lenguaje, por ejemplo, llamar al secuestro retención. Defender posturas y conductas irrazonables: ¿no se está pareciendo cada vez más la JEP al tribunal de la Inquisición?

@GabrielTorices

Publicado: marzo 25 de 2021