La muerte se impuso en Colombia cuando el atajo se volvió mérito.   

El vídeo desgarrador, doloroso, infernal, del hijo de María del Pilar Hurtado, asesinada en Tierralta (Córdoba), despertó indignación en redes sociales, medios de comunicación, que con el paso de las horas terminó siendo viral e instrumentalizado por todos los actores políticos para cobrar por ventanilla responsabilidades.

El asesinato de María del Pilar, fue una barbaridad, como lo fue el de miles y miles de seres humanos asesinados por diferentes circunstancias en las últimas décadas. La muerte ronda por Colombia sin dar tregua ni pausa. Y no es solo en Colombia, la historia misma de la humanidad esta escrita sobre la sangre de inocentes, porque el ser humano termina siendo un demente irracional, energúmeno, que desata la peor de las barbaries.

El problema de sangre y muerte inició en estas tierras cuando se impuso como merito coger camino por el atajo en el duro camino de la vida. El atajo es el medio que utilizan quienes en el afán de obtener dinero y poder, acuden a cualquier medio ilícito para conquistar sus propósitos personales o colectivos, donde tarde o temprano se cruzan con obstáculos, con la maleza, donde para sobrepasar acuden a la muerte como instrumento para seguir su camino infernal por amasar dinero.

Todos los males de Colombia y de la humanidad son por dinero y poder, y la forma más expedita para saciar esas dos obsesiones del ser humano es peregrinar por las vías de la ilicitud. El narcotráfico, el microtrafico, el contrabando, los juegos ilegales de azar, el famoso “gota a gota, y la descomunal corrupción administrativa, empresarial y judicial, son generadores de muerte.

Todos los días pasan escenas parecidas o más dantescas como la ocurrida con el hijo de María de Pilar, sin que nadie los llore o lo lamente. La muerte tiene caretas en Colombia. Es inconcebible, que los mismos indignados de hoy, sean los mismos que promueven y exigen a rabiar que se asesine en el vientre de las mujeres a niños en gestación, acudiendo a la careta jurisprudencial de los derechos para esconder la muerte; y también son los mismos que quieren aplicar eutanasia, la muerte en otra careta, a personas que por su avanzado estado de edad o por enfermedad, terminan siendo estorbo para sus familiares. ¡Hipócritas! 

La muerte y el atajo fueron los medios utilizados también por los narcoterroristas de las FARC durante 50 años; los mismos que hoy fingen ser voceros de la paz y la vida sin haberse sometido al imperio de la justicia. La muerte seguirá su caminar tenebroso y doloroso, porque ella sabe que la impunidad se estableció en Colombia.

Y no podemos olvidar. Los asesinos de María del Pilar, son la consecuencia de una sociedad y un Estado que archivo valores y deberes por derechos como el del libre desarrollo de la personalidad que viene arruinando la meca del respeto por la vida como es lo es la Familia.

No es un tema religioso, no. Es un tema de sentido común, de civilidad, de formación y educación. Porque por ninguna razón puede existir justificación para cometer un crimen. Como tampoco existe justificación para señalar de responsable de esos crímenes de seres humanos, ahora llamados “líderes sociales”, al presidente Iván Duque: eso no es indignación, es carroñeros de la muerte.

@LaureanoTirado

Publicado: junio 25 de 2019