A las 7.28 de la mañana del 24 de febrero de 2006, en plena campaña política, el helicóptero en el que viajaba el industrial antioqueño Pedro Juan Moreno sufrió un accidente que cobró la vida de él y todos sus acompañantes.

El plan de vuelo contemplaba que Moreno partiría desde Medellín y viajaría a distintos municipios de la región del Urabá. La ruta prevista era Medellín-Apartadó-San Pedro de Urabá-Arboletes-Turbo-Bajirá-Murindó-Apartadó y finalmente regresaría a Medellín.

El helicóptero, marca Bell modelo 206B fabricado en 1980, fue alquilado a la empresa Helicargo S.A.

Una hora y 10 minutos después de haber despegado, en la zona selvática de Mutatá (Antioquia), la aeronave perdió contacto con la torre de control. De inmediato se activaron los planes de emergencia.

Según el informe que en su momento realizó la Aeronáutica Civil, “el sitio del accidente se caracteriza por ser empinado con una pendiente aproximada de unos 40 grados con árboles que rondan los 35 metros de altura de madera bastante fuerte que fueron cortados en la parte superior por partes del helicóptero y que en cierta medida empezaron a destruirla y fracturarla en pedazos a medida que seguía en descenso hacia el terreno”.

Cuando el helicóptero cayó, sus tanques de combustible estaban por encima de la mitad. De acuerdo con el plan, la aeronave estaba abastecida para aproximadamente 3 horas de vuelo. El accidente ocurrió una hora y dieciséis minutos después del decolaje. Aquella importante cantidad de gasolina desató, como era previsible, un incendio feroz que destruyó buena parte de las piezas de la nave siniestrada.

La investigación del accidente arrojó un dato muy relevante: “Hay evidencia de que partes clave como el compresor y las ruedas de turbina N2 (que están en extremos opuestos) estaban girando en el momento del impacto. Esto lo atestiguan los daños rotacionales en la entrada del compresor, mostrando en las puntas de los alabes en los 360 grados y la metalización de partes de la cubierta de las turbinas N2 que alcanzaron a adherirse a los alabes que por su rotación dejaron marcas en el sentido de la cuerda de los mismos de acuerdo al reporte presentado por el fabricante del mismo (Rolls-Royce)”. Aquella conclusión, permite descartar un saboteo o explosión en pleno vuelo, pues si aquello hubiera ocurrido, el motor habría dejado de funcionar de manera inmediata.

Al hacer el análisis de las lesiones y víctimas, la investigación concluyó que los 4 pasajeros de la nave (el piloto, Pedro Juan Moreno, su hijo y una asesora) murieron como consecuencia del accidente: “se puede afirmar que el impacto tuvo una fuerza suficiente como para producir las lesiones observadas, imposibilitando la supervivencia de alguno de los ocupantes al accidente. Otro factor adicional que terminó de anular cualquier posibilidad de supervivencia fue el incendio que consumió gran parte de los restos y los ocupantes”.

En conclusión. Si el helicóptero en que viajaba Pedro Juan Moreno hubiera sido deliberadamente saboteado, su motor habría dejado de funcionar y el comandante de la aeronave habría tenido tiempo suficiente para enviar un mensaje de alerta a la torre de control, con la que estuvo en contacto permanente durante todo el vuelo. Existe evidencia de que la última comunicación entre el piloto y los controladores aéreos se produjo, según el rastreo de las coordenadas, 3 mil metros antes del lugar donde aparecieron los restos del aparato.

Así las cosas, para la aeronáutica la hipótesis de una falla humana por parte del piloto es la más plausible para explicar el motivo del accidente que acabó con la vida de Pedro Juan Moreno y tres personas más: “Dado que las condiciones y características del vuelo son coincidentes con las de un vuelo controlado contra el terreno, hay evidencias derivadas de las trazas de radar de una tendencia a volar hacia el noreste en descenso a donde el relieve era más prominente, y no hay ninguna indicación de otras posibles causas que expliquen el accidente. Se considera que este se produjo por una percepción errónea del comandante de la aeronave respecto de su posición vertical con el terreno que sumada a una pérdida de la alerta situacional horizontal, lo indujeron a volar la aeronave hacia una montaña sin una percepción del riesgo que estaba asumiendo”.

Teorías conspirativas

Desde el mismo día en que Moreno perdió la vida, sectores desafectos al presidente Uribe, empezaron a lanzar toda suerte de teorías conspirativas, buscando la manera de indicar que el exmandatario ordenó un plan para que el helicóptero cayera.

Lo primero que se dijo, sin evidencia alguna, era que en el helicóptero se había instalado una bomba. Gustavo Petro, en su momento, pretendió sacar réditos políticos de esa tragedia, aseverando que la muerte de Pedro Juan era un “crimen de Estado”.

Luego, un exparamilitar extraditado por Uribe, alias Don Berna, empezó a declarar ante la justicia que el helicóptero en cuestión había sido derribado por instrucciones del expresidente de la República.

La evidente sed de retaliación contra Uribe por haber ordenado su extradición a los Estados Unidos, le resta cualquier credibilidad al testimonio de don Berna, quien fue sentenciado a 31 años de cárcel por el delito de “conspiración para importar múltiples toneladas de cocaína a los Estados Unidos”. Adicionalmente a los años de cárcel impuestos, el juez federal que estudió su caso, le impuso una multa de $4 millones de dólares.

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 14 de 2018