Bulliciosa y estrambótica. Con esos dos adjetivos podría definirse íntegramente a la congresista del partido Verde Luvi Katherine Miranda quien llegó a la Cámara de Representantes en 2018 de la mano del destituido Antanas Mockus.

Su fugaz paso por el legislativo se ha caracterizado por sus pintorescas intervenciones cargadas de adjetivos y con bajísimo contenido intelectual. Ella comulga plenamente con los que sostienen que a falta de argumentos buenos son los insultos y las descalificaciones. 

Se presenta como una defensora de la democracia, pero sus antecedentes se encargan de desmentirla. En 2016, luego de que la mayoría ciudadana votara por el NO en el plebiscito con el que Santos pretendía refrendar el acuerdo con los terroristas de las Farc, la Miranda fue de las que hizo hasta lo imposible para justificar el robo a la voluntad popular. Con un grupo de revoltosos se tomó un rincón de la Plaza de Bolívar de Bogotá donde estableció un campamento desde el que exigía que se desoyera el voto de quienes le dijeron NO a la manguala entre Santos y Timochenko. 

Esa “experiencia” le valió para que el contratista Mockus, al decir popular, le echara el ojo y la incluyera en la lista Verde a la Cámara. Resultó elegida e integra bancada con un sujeto como León Fredy Muñoz Lopera quien fue capturado en el aeropuerto José María Córdova de Rionegro con un alijo de cocaína en su poder. La doble moral de Miranda: de su boca nunca ha brotado una palabra de repudio frente a su “narcolega”.

Enseña la teoría de la argumentación sobre las distintas falacias, muchas de ellas identificadas desde los tiempos de Aristóteles. En el grupo de las falacias informales se encuentra el denominado argumento Ad hominem cuyo significado es “contra el hombre”. 

Dada su poca o nula gestión en este cuatrienio que le permitiría enarbolarla ante sus electores, la Miranda resolvió plantear su campaña con la que busca renovar su presencia en la Cámara en las elecciones del próximo mes de marzo, valiéndose de un argumento Ad hominem al utilizar la calumniosa expresión “abudinear” en sus vallas publicitarias.

Su actitud es evidentemente desafiante. La exministra Karen Abudinen oportuna y acertadamente formuló una denuncia en contra de esa parlamentaria ante la Corte Suprema de Justicia, tribunal que sospechosamente no ha querido avanzar en la investigación. No obstante, la Miranda insiste en su actitud temeraria y abiertamente violatoria de la ley penal al entronizar mensajes proselitistas que son vulgarmente atentatorios contra el honor, la dignidad y el buen nombre de la exministra de TICS y de todos sus familiares. 

Los políticos reales hacen proselitismo cabalgando sobre programas y enarbolando ideas. Los fantoches como la Miranda hacen del insulto y las humillaciones una herramienta para llamar la atención y embaucar despistados. Al final del día, los ciudadanos son sensatos y emiten su voto a conciencia. Es posible entonces que las urnas castiguen a la zascandil Katherine Miranda. 

@IrreverentesCol

Publicado: enero 20 de 2022