Claudia López y toda la izquierda radical presionan desde las redes, los medios, la calle y los gobiernos regionales que detentan, para obligar al Presidente a someterse a un juicio político ante los dirigentes de la minga indígena.

No es otra cosa lo que persiguen los organizadores de la revolución que se gesta desde varios flancos: cercar al presidente legítimamente elegido y desestabilizar su gobierno.

A nadie respetuoso de la institucionalidad, se le ocurre que una movilización orquestada en zonas controladas por organizaciones ilegales, de oscuro patrocinio y permeada políticamente por el movimiento que lidera el señor del caos, tenga la legitimidad para exigir sentar al Presidente de la Republica para – al mejor estilo de lo que exigía el M-19 cuando se tomó el Palacio de justicia – hacerle una encerrona política al Jefe de Estado de todos los colombianos.

A los organizadores del desorden no les bastaron los directores de departamento administrativo, los vice ministros y ministros que, desde hace semanas se trasladaron al Cauca y a Cali para atender institucionalmente las peticiones de los reclamantes y no les bastaron porque, desde un principio, exigieron la presencia de Ivan Duque para someterlo políticamente.

Era claro que el Presidente no iría porque, constitucionalmente, no podía ceder la institucionalidad ante un puñado de marchantes y someterse a ellos: en Colombia no existen juicios políticos ciudadanos en contra del Presidente de la República; por lo tanto, el objetivo revolucionario siempre fue llegar a Bogotá esgrimiendo la excusa del no sometimiento del Presidente al juicio político que pretende la Minga y una vez en Bogotá, desestabilizar la ciudad y culpar de ello al Presidente.

Tampoco nos extrañemos de que el paro nacional, promovido también por los sectores más radicales, coincida con la marcha organizada desde el sur del País; el objetivo está claro y siempre ha sido el mismo: desestabilizar a Colombia, paralizarla, asfixiar políticamente al Presidente y si por ahí derecho pueden, intentarán tumbarlo.

Por eso es tan peligroso el juego de Claudia López; ella, en su calidad de alcaldesa de Bogotá, debería pensar primero en los ciudadanos, en las mayorías que queremos una ciudad y un País estable, en los que podamos trabajar, salir a recuperar lo que se ha perdido en tiempos de covid; sin embargo, el juego de Claudia es el de ayudar a promover el caos con la excusa de las libertades que garantizan el derecho a la protesta y culpar de los desastres al gobierno del Presidente Duque.

En su altisonancia, Claudia sigue echándole responsabilidades al gobierno nacional, pese a que sabe que la logística, el control, el orden de la protesta – que ella misma ha estado aupando -, le corresponden a su gobierno y no al nacional.

Claudia López deberá, si actúa como alcaldesa de todos los bogotanos, garantizar que no haya alteración del orden público, que no existan desmanes, vandalismo y delincuencia, que afecten nuevamente, la ya de por sí desvencijada economía bogotana que, por cuenta de la Pandemia y los malos manejos de Claudia, está en la peor crisis de su historia.

Y Claudia, no lo olvides: !la Pandemia NO se ha acabado! por lo tanto, es tu responsabilidad el manejo adecuado de las más de 10 mil personas que aupaste a venir a Bogotá a protestar; por lo tanto, todo lo que salga mal en Bogotá por cuenta de la minga,  será responsabilidad de Claudia y sus amigos, los aupadores del caos y no del gobierno nacional.

CODA: Finalmente y cómo estaba previsto, Claudia López y su aceitada maquinaria sacaron adelante una reforma tributaria en medio de la mayor crisis económica que hayamos vívido; dejo constancia: Presenté ponencia negativa al esperpento del aumento de impuestos que nos impuso Claudia López y seguiré oponiéndome a que le metan la mano al bolsillo a los bogotanos.

@JcolmenaresE

Publicado: octubre 18 de 2020