Durante el gobierno Santos, los famosos cupos indicativos se convirtieron en un negocio parlamentario. La posibilidad que inicialmente tenían los congresistas para fortalecer su gestión y solucionar algunos problemas de cada región, a través de cupos presupuestales adicionales, se convirtió en una forma de seguir institucionalizando el clientelismo y con ello, obtener réditos políticos. A pesar de elegirse con el 51% de los votos, el presidente controlaba el 86% del Congreso.

La famosa mermelada es la conserva perfecta para tapar irregularidades y pagar compromisos políticos, mientras se agudizan las brechas sociales y se socava el erario. Es vergonzoso que, en 2018 más de 216 congresistas hayan estado en la mira de la Corte Suprema de Justicia como consecuencia de irregularidades asociadas a este modelo de corrupción. Modelo que además de todo, opera como una red que se extiende en todos los niveles territoriales de la Administración y que de facto, debe ser eliminado del actual gobierno.

Se calcula que durante el gobierno Santos se repartieron más de 37 billones de pesos en los famosos cupos indicativos, es decir 1,5 veces el presupuesto anual de Bogotá, 3 veces el metro que no se ha construido y 4 veces la fortuna de Donald Trump. No se sabe cuánta plata se invirtió y cuanta quedo en los bolsillos de los corruptos, lo que si es cierto es que con ese monto se habrían podido financiar 740 mega colegios o llevar energía solar a 1.850.000 hogares colombianos.

Afortunadamente, el presidente Duque inició la labor anticorrupción y desde su campaña viene liderando la bandera de la transparencia como uno de los pilares de su gobierno. Reducir los trámites, regularizar el lobby y la inclusión de los pliegos tipo son algunas de las más importantes medidas que ha tomado el gobierno actual para que salgamos de la cloaca social en la que andamos.

Pero el avance más importante de todos es la lucha contra los cupos indicativos. Dicen que el presidente Duque está siendo derrotado en el Congreso al no pasar determinados proyectos, cuando realmente lo que está haciendo es ganar una batalla contra el chantaje. Muchos esperan mayor determinación para sacar adelante la agenda legislativa, pero el legado histórico en materia de lucha contra la corrupción que está consiguiendo el presidente puede ayudar a romper de una vez por todas el paradigma de cómo se gobierna en Colombia. La corrupción no se va a acabar en el corto plazo, pero cortar la mermelada es un paso gigante.

@JuanPCamachoS

Publicado: abril 11 de 2019