La izquierda radical colombiana, en toda su amplitud, ha cerrado filas entorno al candidato chavista Gustavo Petro, todo con el fin de intentar atajar la victoria de Iván Duque en la segunda vuelta que tendrá lugar este fin de semana.

Era evidente que la pendenciera y agresiva Claudia Nayibe López, opositora enfermiza del uribismo, iba a sellar un pacto con Petro, con tal de atravesársele a Duque. La falta de coherencia de Nayibe es palmaria. Hace no muchos tiempo, a través de su cuenta de Twitter cuestionó al candidato chavista por sus propuestas abiertamente autoritarias.

Hoy, ella se ha sumado a quien amenaza con acabar con la propiedad privada, cercenar la libertad de prensa y perseguir implacablemente a todos aquellos que no compartan su ideario retorcido.

Los socialistas no tienen límite ninguno cuando de mentir, manipular, engañar y agobiar a la sociedad con mensajes mentirosos y acosadores se trata. Resulta inadmisible que en el momento que la señora Nayibe López y Antanas Mockus adhirieron a Petro, se hayan plantado ante una iglesia de enorme significación para el catolicismo.

No es aceptable desde ningún punto de vista que esos mismos que dicen que hay que separar a la política de los credos religiosos, hayan utilizado al atrio de la iglesia del voto nacional para anunciar su respaldo a Petro, un hombre abiertamente enemigo de los valores del cristianismo.

El evento, circense como todos los de Mockus –que contrajo nupcias sobre un elefante y que  en su momento se disfrazó de superhéroe-, tuvo toda la intención de ser asemejado a un acto de “profesión de fe”, en el que el exalcalde de Bogotá de origen lituano le leyó una serie de compromisos a Petro, quien ni corto ni perezoso respondió todo lo que Mockus quería oír.

El Petro que hace menos de un mes amenazaba con expropiar a diestra y siniestra, que anunciaba la convocatoria de una asamblea nacional constituyente y la eliminación de la economía de mercado, se mostró como una mansa paloma.

Sea la primero rechazar de forma enfática que los izquierdistas –que en su mayoría son ateos o agnósticos-, en aras de conseguir votos de último minuto, exploten el sentimiento católico mayoritario de nuestra sociedad para ganar las elecciones del próximo domingo.

Que nadie se llame a engaños: Petro como presidente de la República reprimirá a la Iglesia y a los creyentes con igual o peor saña de la que se le vio Chávez y a Maduro contra el clero y la feligresía venezolana. Valga recordar las infamias y arbitrariedades que la dictadura chavista han cometido contra el valiente sacerdote José Palmar, hoy exiliado en los Estados Unidos, país al que se vio obligado a partir para salvar su vida.

Las cartas ya están echadas sobre la mesa. El pueblo colombiano deberá decidir cuál será el destino de nuestra nación. Le corresponderá a la añeja democracia colombiana definir si el país queda en manos de un hombre garante de las libertades como es Iván Duque o en las de un tirano populista y sumamente peligroso como es el exterrorista y secuestrador del M-19, Gustavo Petro Urrego.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 12 de 2018