En la campaña política de 2002, se presentó un fenómeno bastante extraño en la política colombiana: el posicionamiento de líderes que en pocos meses lograron abrirse espacio en la opinión, pasando en muchos casos de ser “ilustres desconocidos” a personas con amplio respaldo en la urnas.

El caso más emblemático fue el de Álvaro Uribe quien arrancó la campaña por la presidencia en la cola de las preferencia electorales. A finales del año 2000, tenía, según Gallup, el 5% de intención de voto. En enero de 2001, ya había subido al 17% y desde encones arrancó una carrera ascendente e imparable que se materializó en ser el primer candidato ganador de las elecciones presidenciales en primera vuelta, al obtener el 53% de los votos en mayo de 2002, derrotando ampliamente a Horacio Serpa, Luis Eduardo Garzón y Noemí Sanín.

De la mano de Uribe, en Bogotá empezaron a aparecer muchas vallas publicitarias de una mujer que muy pocas personas habían oído mencionar: Gina Parody. Caminando por las calles capitalinas con un busecito de Transmilenio hecho en cartón bajo el brazo, promocionaba su nombre como candidata a la Cámara de Representantes, mientras invitaba a los bogotanos a “subirse al bus de Uribe”. Su único antecedente político era el de haber fungido como asesora de la periodista María Isabel Rueda cuando ésta fue congresista

Le correspondió el número 376 del tarjetón por Cambio Radical, partido en el que militaba en aquella ocasión.

El crecimiento vertiginoso de la popularidad de Uribe, implicó que quienes lo acompañaban en su candidatura se beneficiaran de lo que los politólogos norteamericanos llaman su momentum. Parody llegó al día de las elecciones y obtuvo un resultado impresionante. Sacó la segunda votación para la Cámara, luego de Gustavo Petro. 74.891 bogotanos marcaron el tarjetón por ella. O mejor por la que se presentaba como la candidata de Uribe en Bogotá.

Llegó al Congreso y desde allí se convirtió en una figura de primera línea en la defensa de la política de Seguridad Democrática. Se inscribió en el curso de reservista y al poco tiempo le fue conferido el grado de teniente de la reserva de manos de la entonces ministra de Defensa, Martha Lucía Ramírez.

Para muchos, Gina Parody era la niña consentida de Uribe. Hablaba con él frecuentemente, recibía su guía, gozaba del privilegio de comer con él en la casa privada. Ella, a su vez, era receptora del mayor respaldo político en la Casa de Nariño. Le confiaban el manejo de los proyectos de mayor importancia para el gobierno.

Abanderó en la comisión primera el proyecto de acto legislativo que incorporó la reelección presidencial, con lo que se permitía que Uribe pudiera correr por un segundo mandato en 2006. Así mismo, fue una de las más entusiasta promotoras de la idea de conformar un partido uribista, propuesta que surgió a comienzos de 2004. En palabras suyas que en su momento fueron recogidas por el diario El Tiempo, “me parece que es esencial que el país tenga otras opciones. Los partidos tradicionales no sirvieron y la gente no se siente representada en ellos”.

Gina Parody en la campaña de 2002, cuando buscaba votos invitando a los bogotanos

a “subirse al bus de Uribe”

De cara a las elecciones de 2006, Parody dio el salto al senado, aprovechando la inmensa popularidad de Uribe quien presentaba su nombre a unas elecciones que tenía ganadas de antemano como consecuencia de su elevadísimo nivel de aceptación popular.

Para esa candidatura, Gina abandonó a Cambio Radical y se pasó al recientemente fundado Partido de La U. Su campaña fue un éxito absoluto, hecho que se vio reflejado en los resultados. Obtuvo la quinta votación más importante del país, con 87.297 sufragios.

Ya en el senado, poco a poco marcó distancia del uribismo. Al comienzo del periodo, fue un férrea defensora del recientemente reelegido gobierno, pero con el paso de los años fue alejándose del sector gracias al que pudo erigir su carrera política.

A finales de 2008 un asunto personal la obligó a irse a los Estados Unidos a atender un tratamiento psicológico, razón por la que pidió una licencia en el Senado. Comenzando 2009, cuando aun continuaba en tratamiento médico en la ciudad de Miami, sorprendió al país con una carta renunciando a su curul y al partido de La U. Al preguntársele por los motivos de su dimisión, se limitó a decir que “no puedo seguir siendo parte de un proyecto político en el que no me siento cómoda  y ya no comparto sus ideas”.
Así, en un santiamén, Parody se bajó del bus uribista que con tanto ahínco había promovido cuando empezó su carrera en 2002.

Puso sus ojos sobre la alcaldía de Bogotá y anunció que lucharía por ella en las elecciones de 2011, a las que se presentó como candidata no de sus antiguos partidos Cambio Radical o La U, sino como independiente, a través del movimiento que bautizó con el nombre de “Gina Parody alcaldesa”.

El resultado fue adverso. Gustavo Petro aprovechó la división de votos de sus rivales y se metió por la mitad, recogiendo el 32% de los votos que le fueron suficientes para ganar las elecciones.

El reencauche

A los pocos días de su derrota en la carrera por la alcaldía de Bogotá, el presidente Santos la llamó al gobierno. Primero la nombró como consejera para asuntos de Bogotá y al poco tiempo la puso al frente del SENA.

Intentando mostrarse como una leal y fiel servidora de Santos, de cuando en cuando, Gina Parody se vale de su cuenta de twitter para lanzar trinos ofensivos contra el expresidente Uribe y el uribismo. El tono agresivo y calumnioso de los mismos causan impresión, pues no es fácil de entender que una ministra de educación utilice un lenguaje de semejante calibre para referirse de quien hace poco era su mentor.

  

Algunos trinos de la ministra de Educación contra el expresidente Uribe y el Uribismo

 

Con el nuevo periodo presidencial fue promovida a ministra de Educación, cartera en la que los problemas han sido superiores a su capacidad de manejo. El programa bandera de ella, llamado “ser pilo paga”, se está convirtiendo en una vena rota por cuenta del uso politiquero que le están dando al mismo. La idea original, que consistía en financiar con recursos públicos los estudios universitarios de los mejores estudiantes de escasos recursos en las mejores universidades del país, se convirtió en un fortín del que se están aprovechando políticos regionales afectos a la unidad nacional.

A eso, se suman las fuertes críticas que ha recibido la ministra por la manera equivocada que le ha dado al manejo del Programa de Alimentación Escolar, PAE (Leer: 6 años sin autocrítica). Las imágenes de los niños de Aguachica, Cesar, recibiendo su comida en las manos y posando para la cámara con platos llenos de comida que luego les eran quitados, han generado una irritación generalizada. Y los ojos de todos apuntan hacia el ministerio de Educación en general y hacia la ministra Parody en particular.

El último revés corrió por cuenta de la aireada denuncia que hizo en su contra la senadora liberal Sofía Gaviria, quien en plena sesión del Congreso la acusó de haberle plagiado un proyecto de ley sobre alimentación escolar. De acuerdo con la parlamentaria denunciante, la ministra copió textualmente por lo menos 23 artículos que eran de un proyecto de su autoría.

Parody ha intentado defenderse, alegando que se trata de proyectos diametralmente diferentes, pero las evidencias no dejan espacio para las dudas. Los textos son idénticos y será muy difícil desvirtuar un plagio que salta a los ojos de cualquier observador, por desprevenido que sea.

Sobre el particular, José Obdulio Gaviria en su video editorial en Los Irreverentes, fustigó fuertemente a la funcionaria y planteó que debe renunciar al cargo: “ay ministra educada, caíste bien bajo ministra. Tu soberbia no te deja apreciar el valor de los otros, la creatividad de los otros…y eso, unido a tú ambición te hizo robar un texto que hicieron otros, unas ideas que otros pensaron…Estás pillada ministra, creo que deberías irte”. (Ver VideoEditorial: Ay, ministra Parody)

Los bandazos, sus cambios de parecer, las reacciones emocionales que desconciertan a muchos y las contradicciones en su actuar político son las causas por las que la ministra de Educación, Gina Parody, pase por uno de los peores momentos de su carrera política. Ahora, seguramente tendrá que enfrentar los cuestionamientos éticos –y tal vez judiciales- por haber fusilado un proyecto de ley sin autorización de la autora del mismo.

@IrreverentesCol