Es muy preocupante que haya mafias que se dedican a alquilar bebés entre los 0 y 24 meses de edad para pedir limosna; indigna saber que muchos de estos bebés han sufrido desde maltrato físico y psicológico, hasta el abuso sexual. Muchos de ellos, según las autoridades fueron narcotizados y alcoholizados para que durmieran mientras sus explotadores en cada semáforo perciben ganancias de entre 30 y hasta 150 mil pesos diarios.

El caso de estos menores conocido esta semana en Bucaramanga, no es un mal ajeno al resto de capitales del país. En cifras del bienestar familiar, solo en 2017 cerca de mil niños estaban en completa situación de desamparo en la calle, sin embargo las cifras pueden ser mucho más elevadas si se tiene en cuenta el fenómeno de migración venezolano y porque además no se cuenta con un censo actualizado del DANE en cuanto a niños en condición de calle.

Detrás de cada niño explotado siempre hay un adulto explotador y flaco favor le hacemos a la infancia con cada acto de bondad que uno cree, está haciendo al dar una moneda, es una consignación directa a las arcas de una empresa criminal dedicada a la mendicidad.

Son muchas las intervenciones que realizan entes como el Instituto Colombiano de Bienestar, en conjunto con la Fiscalía y la Policía de infancia, sin embargo, la cadena se rompe cuando no se cuenta con centros de atención para tener transitoriamente a estos menores y digo no se cuenta, porque estos centros se manejan por convenios o contratos.

En Villavicencio por ejemplo, hace poco más de un año no hay convenio entre la Alcaldía y el ICBF, lo cual dificulta el proceso a la hora de salvar a niños que permanecen todo el día y hasta altas horas de la noche sometidos al sol, la lluvia y toda suerte de peligros.

Otro estamento que necesitamos fortalecer es el de la Policía de Infancia, que en muchas ocasiones no tiene vehículos adecuados para el traslado de los menores y hasta en taxi han tenido que ir a barrios periféricos para rescatar menores en situaciones lamentables como desnutrición y maltrato físico a los que urge salvar de las manos de sus explotadores.

En materia legislativa se necesitan herramientas que permitan a los fiscales judicializar y llevar a la cárcel lo antes posible a los jefes de estas mafias que reclutan menores para la mendicidad, por supuesto a los padres que usan o alquilan a sus hijos, muchas veces para pagar sus propias adicciones al alcohol o las drogas .

Necesitamos ver a la mendicidad como lo que es, un negocio criminal cuyas víctimas son niños en su mayoría fruto del abandono. Vienen de familias disfuncionales donde su entorno gira entre el licor, la prostitución, el microtráfico y el abuso laboral y sexual… Tenemos que salvarlos y la limosna no es el camino.

@JenniferAriasF

Publicado: julio 25 de 2019