La legitimidad del senado

La legitimidad del senado

Nuestro sistema legislativo bicameral aparentemente no especifica diferencias entre el Senado de la República y la Cámara de Representantes. Sus integrantes tienen el mismo nivel salarial y de prestaciones sociales, la misma cantidad y calidad de Unidades de Trabajo Legislativo y el mismo conocimiento y competencia frente al trámite de proyectos de acto legislativo y de ley. Las diferencias que el elector identifica a primera vista, son en la forma de elección en cuanto que el senado es de circunscripción nacional, la cámara de orden departamental, y en número de integrantes, el senado 102 y la cámara 166.  

Sin embargo la Constitución Política estableció unas competencias de exclusiva privacidad al Senado de la República, entre otras la administración de la relación laboral del Presidente y Vicepresidente de la República, definir los ascensos militares, elegir los magistrados de la Corte Constitucional y al Procurador General y aprobar la prórroga de un eventual Estado de conmoción. 

Hasta ahí todo normalito. Pero la elección de esos 102 legisladores, por efectos de la lucha electoral que genera el voto preferente, que aparta la discusión de las ideas y los debates, deja la suerte de trascendentales decisiones a la voluntad del “sistema de compraventa” de acuerdo a la “tasa de cotización” que el régimen presidencial disponga. Cada curul del senado, en la generalidad, por culpa del voto preferente se convierte en una unidad de gestión para la recuperación de la inversión económica de la campaña. 

Para la muestra un botón. La renuncia a la aspiración de reelección en el Senado de la República, del senador Roberto Gerlein Echeverría, deja claridad sobre cómo opera el trabajo en esa corporación. Existe una verdadera integración para la división del trabajo. En el caso particular de la familia Gerlein, el senador Roberto se dedica a la actividad política y su hermano Julio a los negocios, existiendo un esquema de reciprocidad en el cual, el uno ejecuta los contratos, fruto de la gestión del otro. Así la cosa, el esquema permite al legislador especializarse en la discusión de los grandes temas nacionales, sin preocupación alguna por la financiación de su elección, incluso la capacidad de poner talanqueras a aquellos que en situación desigual llegan a ocupar una curul en esa corporación pero carecen de la estructura económica para ejecutar el fruto de su gestión y deben venderla o ejecutarla al menudeo rayando en lo que hoy se reprocha, por virtud de la presión internacional: la corrupción.   

Lo grave del asunto, es que vamos para un cuatrienio más y las cosas tienden a continuar lo mismo. Gerlein representa la realidad del Senado de la República. Allí se asienta lo más granado de los grandes negocios de la Nación, resultando incomodo, aquel que no persiga los mismos intereses de la mayorías de unas minorías que elegidos con sus maquinarias y clientelas, dictan lo que acata la mayoría que los elige. Roberto Gerlein y su hermano Julio representan la verdadera integración vertical de las concesiones y construcciones viales. Y lo más grave aún. Existe integración vertical en la mayoría de actividades que desde cada una de las curules se promueve, con contadas excepciones, y todo por culpa del régimen y del perverso voto preferente que desideologiza y mercantiliza la actividad electoral.

@AlirioMoreno

Publicado: enero 16 de 2017