El único avance de la negociación de La Habana, hasta el momento, ha sido la institucionalización de la combinación de formas de lucha. Desde el uribismo es necesario cuidarse de las distintas expresiones de las FARC: la armada, que nos desea muertos y que ha cometido múltiples atentados contra Uribe (17 ocasiones); la política, que sin autoridad moral y para colmo impunes señalan a los colombianos de bien desde el congreso; y finalmente su retaguardia hipócrita, incrustada en el estado colombiano quienes utilizan los falsos testigos como armas de guerra.

Ningún bandido en la historia de Colombia, ni siquiera Pablo Escobar, se ha atrevido a tanto desde la clandestinidad como lo han hecho Márquez y Sántrich. Estos prófugos extraditables, más que simples declaraciones de apoyo, pretenden la creación de un nuevo directorio político clandestino con el fin de derrotar al uribismo en las elecciones del 2022. 

Resulta sumamente preocupante, ¿qué garantías pueden tener los militantes del uribismo para las próximas elecciones? Puesto que además de enfrentar a los Fajardos y a los Petros, se suman a dicha coalición nada más y nada menos que los delincuentes de Iván Márquez y Jesús Sántrich.

¿En cuál otro país del mundo un criminal en armas, prófugo de la justicia y solicitado en extradición por terrorismo y narcotráfico, hace un llamado a una coalición para derrotar un sector de la política? ¿Realmente es posible hablar de democracia? ¿Qué pueden esperar los uribistas si delincuentes de dicha talante, armados hasta los dientes, hacen un llamado para derrotarnos?

Desafortunadamente sorprende la cantidad de validadores que tiene FARC, aunque pretendan evadir responsabilidad es evidente que  tanto los armados, los que no lo están y los cómplices corruptos, tienen como propósito la extinción del uribismo. Algo bueno tuvo que haber hecho el expresidente Uribe para que desde la otra orilla se concierten las más fétidas expresiones de la vida nacional con el objetivo de destruirlo.

El mismo Márquez, quien ordenó atentados contra la vida del presidente Uribe, como el carro bomba de Barranquilla previo a la campaña del 2002, hoy en vísperas de las elecciones del 2022 posa de nuevo amenazante contra Uribe. Acto que al parecer no merece el rechazo de los sectores políticos “humanistas” de la vida nacional. ¿O acaso los exguerrilleros indultados y hoy activos en política han expresado su rechazo? Por supuesto que no, porque están completamente de acuerdo.

Cualquiera que no sea consciente, de manera deliberada, podría calificar las declaraciones de estos criminales como ´aisladas´ y por tanto, estas cuestiones no preocuparían. Sin embargo, al analizar el contexto, resulta que tanto quienes acusan como los que subestiman la gravedad del asunto, comparten la misma identidad ideológica, discursiva y particularmente, de objetivos comunes con un amplio sector de la ultra izquierda colombiana.

Los uribistas y el país quedan notificados que en el propósito de acabar con Álvaro Uribe concurren: Fajardo y sus ironías, Cepeda y sus falsos testigos, Santistas y su corrupción, sectores de la prensa bogotana y su revanchismo, más la cereza del pastel, Iván Márquez y sus fusiles.

Adenda I: Estoy por culminar el libro de Abelardo De La Espriella titulado “Amores acrimínales”, hace mucho un libro no me entretenía tanto. Superó mis expectativas, definitivamente no me equivoqué al calificar al prestigioso abogado como un genio polifacético. No les cuento más, solo les recomiendo que lo compren.

@jarizabaletaf

Publicado: enero 17 de 2021