La candidatura de Claudia Nayibe López, conocida como la gritona, no deja de ser un chiste de mal gusto.

Hay noticias políticas insólitas e inverosímiles pero ninguna como la que se conoció en los últimos días del año: Claudia Nayibe López es precandidata a la presidencia de Colombia.

Parece un chiste de mal gusto de esos que suelen hacerse los 28 de diciembre, fecha en la que se celebra el día de los santos inocentes, pero no. La historia es cierta.

Durante estos dos años de López en el Congreso de la República, los colombianos han podido conocer su megalomanía y su talante arbitrario. Así mismo, se han evidenciado sus mentiras y, también, sus conflictos de intereses.

Ella y su pareja permanente, la representante Angélica Lisbeth Lozano, se han convertido en militantes activas de la iniciativa que busca permitir que las parejas del mismo sexo puedan adoptar hijos, medida peligrosa que pone en grave riesgo la estabilidad social pues es clara y abiertamente atentatoria contra la figura convencional de la familia.

Conocida en los pasillos del congreso como la gritona, por la irracionalidad de sus intervenciones y por el estilo arrabalero que emplea en sus intervenciones, cuando se conoció que López aspira a la presidencia de Colombia, fueron más las burlas que los aplausos. (También puede leer “La gritona”)

Su aspiración es legítima en cuanto para ser presidente de la República simplemente se requiere ser colombiano por nacimiento, tener más de 30 años y no haber sido condenando. Además de ponerle un toque divertido a la contienda, la candidatura de López no tiene un ápice de seriedad.

Los colombianos tendrán la oportunidad de ver a lo largo y ancho de la geografía nacional a una señora gritando desesperadamente, señalando a diestra y siniestra a todos los que ella califica como “bandidos”, que terminan siendo aquellos que no comparten sus ideas, sobre todo las que están relacionadas con el asunto homosexual.

En los años 70 del siglo pasado, Gabriel Goyeneche, ese que ofrecía meterle pavimento al río Magdalena y poner una inmensa marquesina sobre Bogotá para solucionar el problema de las lluvias, era un eterno candidato. Luego, a comienzos de los 90 nuestra democracia permitió que el cantante de música tropical Mario Gareña aspirara a la más alta dignidad de la República. Luego siguieron Guillermo Nanetti –el que tenía el slogan de “las patillas al poder”, en referencia a su exótico corte de pelo- y un señor que enfundado en un traje de luces prometía que como presidente de la República le daría la “estocada mortal a la corrupción”.

Ahora, el cupo de las candidaturas pintorescas, inviables y risibles será ocupado por Claudia Nayibe López, la gritona.

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 28 de 2016