La del exministro Andrés Felipe Arias fue una sentencia condenatoria proferida  por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia en julio de 2014 que no comparto, me parece mas fruto del momento histórico que otra cosa, con respeto lo afirmo.

Arias, que fue ministro de Agricultura entre 2005 y 2009, terminó condenado por dos “grandes pecados”: ser soberbio, que lo era, y haber sido funcionario del ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Lo demás era un tema de interpretación pero nunca de dolo o desinteres por la ley.

Pero, ¿cómo así que condenado a 17 años y cinco meses de prisión sin haber cometido crímenes, sin haber actuado con dolo? Así como suena: fue condenado sin haber transgredido dolosamente el Código Penal. O al menos esa es la conclusión a la que he llegado después de leer y releer el fallo condenatorio, cuya ponencia corrió por cuenta de una magistrada que al parecer detesta a Uribe y a los uribistas. Reconociendo que de esa sala hay Magistrados intachables, pero también sabiendo que las ponencias a veces siguen su curso sin mayor debate.

El documento en mención también fue firmado por dos caballeros muy populares por estos días en Colombia por sus “buenos manejos”: los “honorables” magistrados José Leonidas Bustos y Gustavo Malo.

¿Doscientos nueve meses de cárcel para alguien que, según la Fiscalía de Viviane Morales y la Corte Suprema, incurrió en contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación?

Así es. Ni más ni menos. Una condena brutal contra un ex ministro en un país que, como Colombia, amnistía y les da curules en el Congreso a homicidas, a secuestradores de niños, a narcotraficantes y a violadores de jovencitas guerrilleras.

La historia del proceso de Arias es bien particular y hasta simpática.

Todo empezó por allá en septiembre de 2009 cuando se denunció que en el programa bandera de la gestión de Arias como ministro de

Agricultura –llamado Agro Ingreso Seguro o AIS– se habían cometido serias irregularidades.

Los enemigos de Uribe, que son casi todos, se le vinieron encima a Arias con un mensaje bastante claro: nunca antes en la historia de Colombia se había cometido un acto de corrupción de las “dimensiones” del protagonizado por el ex ministro conocido como “Uribito”. Ni siquiera es comparable con el que ocho años después tiene como figuras centrales a las ex ministras estrellas de Juan Manuel Santos: Gina Parody y Cecilia Álvarez.

El pecado de Arias fue “grande”. Amén de todos los decires de la justicia, su lío consistió en que a dos familias de la Costa Atlántica les dio por dividir tramposamente en documentos sus fincas para hacerse a más subsidios del programa AIS. Eso es todo. Si eso no hubiera pasado, y en la mitad de esa “balacera jurídica” no hubiera aparecido el nombre de una de las mujeres más hermosas del país –Valerie Domínguez Tarud–, muy seguramente Arias no estaría hoy ad portas de una extradición desde Estados Unidos a Colombia.

Y como Arias es un hombre sin mucha suerte, a principios de 2011 llegó a la Fiscalía la reconocida política del Partido Liberal Viviane Morales. Como era de esperarse, para cumplir con la agenda de Santos, Morales se le fue encima a todo lo que oliera y/o se pareciera a Álvaro Uribe.

Todavía recuerdo la saña con que trataron a Arias el día de la audiencia en que lo afectaron con medida de aseguramiento. Le repitieron como mil veces que era un peligro para la sociedad.

Apenas el magistrado anunció su fallo, agentes del CTI de la Fiscalía se le fueron encima a Arias en medio del llanto de su esposa y del dolor y desespero de sus ancianos padres.

Después de dos años en prisión, a Arias le fue concedida la libertad provisional. Sabedor de que era inocente, se fue para Estados Unidos donde en julio de 2014 fue enterado de la aplastante y desproporcionada condena proferida en su contra por la Corte Suprema.

Desde ese momento el gobierno de Santos no lo ha dejado en paz ni un minuto. Así lo niegue, nuestro Premio Nobel de Paz ha movido cielo y tierra para traerlo a Bogotá desde el país del norte, poder verlo en una cárcel y exhibirlo como un trofeo para humillar a Uribe.

¿Acaso Santos no hizo lo mismo con María del Pilar Hurtado cuanto ésta gozaba de un legal asilo político en Panamá? Pero para conocer de qué está hecho el señor presidente, el país espera de él que cuanto antes haga lo mismo con sus ministras Parody y Álvarez para que respondan por los chanchullos de Odebrecht.

En una próxima columna explicaré con cifras algunos aspectos del programa AIS porque se que muchos me atacaran por esta columna.

P.D. PAPÁ hace un mes te fuiste físicamente de mi vida, pero nunca lo harás de mi alma. Te amo.

@CancinoAbog

Publicado: octubre 27 de 2017