Se ha convertido en parte del paisaje registrar a Petro y a los suyos cometiendo delitos sin que las autoridades lo impidan. El gobierno se escuda tras la división de poderes para justificar su inacción respecto de los abusos de la extrema izquierda cuya lista es interminable. 

La hazaña más reciente: la confesión por parte del oscuro Miguel Ángel Del Río de que la campaña petrista tiene infiltrada a la campaña de Federico Gutiérrez. Algo de una gravedad oceánica que, además de las repercusiones jurídicas, obliga a que haya consecuencias políticas reales. El candidato Gutiérrez no puede pasar de largo frente a esta situación que es semejante a la que se vivió en los Estados Unidos en los años 70 del siglo pasado cuando el presidente Nixon -que buscaba la reelección- infiltró las oficinas del comité demócrata en Washington. El epílogo de esa operación criminal es ampliamente conocido. 

Del Río reconoció el delito, pero al ver las implicaciones que aquella confesión puede acarrearle recogió velas intentando embaucar a la opinión pública aseverando que él sí dijo que la campaña de Gutiérrez estaba infiltrada, pero que eso no significa que lo esté. Un galimatías argumentativo imposible de comprender. Es como si alguien confiesa haber asesinado a una persona y al mismo tiempo manifiesta que no le ha quitado la vida a nadie. 

La extrema izquierda ve a la justicia -que tiene cooptada- como un mecanismo para destrozar a quienes se oponen a esas ideas retardatarias y brutales. Del Río es un abogado vocinglero y pantallero sin mayores éxitos profesionales, pues su carrera ha sido breve, casi siempre al servicio de causas políticas de la izquierda que son llevadas a los estrados judiciales. 

Increíblemente, Del Río -que confesó un delito- con total cinismo ha dicho que continuará en sus andanzas y, además, que denunciará al jefe de debate de la campaña de Gutiérrez, Luis Felipe Henao. El mundo al revés y nadie puede sorprenderse si Henao es el que termine en la cárcel con Del Río disfrazándose de víctima. 

Petro es astuto y sabe que la confesión del abogado en cuestión puede generarle problemas. Parece que sus asesores en manejo de crisis se inspiran en la máxima de Goebbels que sostiene que “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. 

Es algo común en Petro. Cuando este portal reveló que, violando las normas del confinamiento decretado para hacerle frente a la pandemia, se encontraba en Cuba atendiendo reuniones con el régimen que martiriza a esa nación, apareció con el cuento del cáncer que le fue curado en tiempo record y a través de un legrado (¡!). Respecto del video de las bolsas con dinero, aseguró que eran fajos con billetes de baja denominación y que su amigo lo había grabado porque a él le fascinaba dejar registro fílmico de sus actividades cotidianas. El cómplice de Petro en esa operación delictiva, Juan Carlos Montes, vive en Suiza a cuerpo de rey, huyendo de la justicia colombiana. Es el precio que Petro tuvo que pagar para garantizar el silencio de su compinche. 

Hace pocas semanas estalló el escándalo del hermano de Petro negociando votos por impunidad con delincuentes confinados en la cárcel La Picota. Para despertar lástima en la opinión pública, hicieron que el responsable -Juan Fernando Petro- le diera la cara al país desde una clínica. La imagen fue asquerosa. Un tipo envuelto en una sábana, hecho añicos y sudoroso trató de dar las explicaciones correspondientes, no sin antes notificar que su hospitalización se debía a la picadura de un alacrán. 

Ahora, en relación con la infiltración de la campaña de Gutiérrez, la mentira consiste en asegurar que el equipo de seguridad de Petro, que está integrado por mercenarios extranjeros -hecho que de suyo es sospechoso- descubrió un plan criminal para asesinarlo. La policía colombiana reaccionó diciendo que no existe un solo indicio que le otorgue verosimilitud al cuento de Petro. Lo cierto es que sí se logró el cometido: dejó de hablarse del delito cometido por Del Río y los focos se fijaron sobre el supuesto atentado que, al parecer, es tan real como el cáncer que Petro logró vencer en menos de una semana. 

Llegarán las elecciones con muchos más escándalos y delitos cometidos por Petro y su equipo de malhechores sin que la justicia haga nada para sancionarlos. El Estado colombiano se ha dejado amedrentar por ese sujeto que tomará el poder a las buenas o a las malas el próximo 7 de agosto. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 4 de 2022