A muchos Colombianos sí nos importa y nos preocupa la impunidad.  No nos acostumbramos a ese 97 % que reina en Colombia y que se niega a disminuir.  Estamos tan aburridos de las Farc, como los que negociaron el acuerdo de paz, pero convencidos que se habría podido lograr un gana-gana y no un pierde-gana como el que estamos a punto de vivir, gane o pierda el plebiscito. Lean bien, gane o pierda el plebiscito. 

Me pregunto, ¿será que los que están con el SÍ en el plebiscito, no leen y se siguen por lo que digan los medios y amigos que tampoco leen? ¿Será que son funcionarios del gobierno y sienten el deber de hacerse los de la vista gorda? ¿Será que el futuro de Colombia no les incumbe? ¿Será que sí es cierto lo de las amenazas solapadas a quien vote no? ¿Será que la paz se logró volver moda, en cantos y palabras, pero la realidad de Colombia claramente es otra?  ¿Será que se fueron envolviendo en un efecto de masas en el que se pierde el criterio porque la masa se lo traga?  ¿Será que no se han dado cuenta que esta paz se volvió un tema del presidente Juan Manuel Santos y las Farc en contra del expresidente  Álvaro Uribe Vélez, independientemente de lo que le suceda a Colombia? Como estas que he mencionado, pasan por mi mente otras muchas preguntas, tratando de buscarle respuesta a un tema tan delicado en la vida de cualquier país. 

Líderes de opinión, funcionarios, organismos de control, acusando a uno y a otro de cometer ilícitos permanentemente y cuando llega el momento de condenar a los máximos criminales de las Farc, apoyan no sancionarlos efectivamente, con la excusa de que de otra manera no hubieran negociado. Es decir, que por sentarnos a la mesa a negociar, entregaron a Colombia. Este es un argumento que no me cabe en la cabeza.  Con tal de salir de este grupo narcoterrorista, no es justo el sometimiento del país.  

Si yo fuera Farc, habría negociado bajo esas mismas reglas. No me habría movido un ápice. Todos sabemos, sin embargo, que al iniciar la negociación sí se habría podido dar a las Farc oportunidades para reinsertarse en la sociedad, es decir una reinserción generosa. Es que la sola justicia transicional permite disminuir de manera importante las penas para los delitos de lesa humanidad, así como buscar unos sitios de reclusión distintos a las cárceles como son las colonias agrícolas. Concesión que todos los Colombianos hubiéramos apoyado sin dudas. Toda negociación lleva sacrificio y por la paz estaríamos dispuestos a ceder. Además, hubiéramos cumplido con la normatividad internacional evitando una probable futura intervención de la Corte Penal Internacional en Colombia, porque los delitos de lesa humanidad afortunadamente no prescriben. 

Para las Farc hubiera sido maravilloso esta oportunidad, si se hubiere presentado desde el principio, salir del monte, legalizarce, lograr un movimiento político con personas afines y con aquellos guerrilleros no condenados por delitos de lesa humanidad, además con un gobierno con el cual se sienten cómodos.  Claro, que esta alternativa comparada con lo que está escrito en el acuerdo de paz resulta mezquina para la narcoguerrilla y sus simpatizantes. Aunque sea la justa para Colombia.  Así mismo, ahora que se están quejando y tratando de arrimarse a este proceso de paz, entiendo ¿porqué un paramilitar critica su proceso si lo compara con el de las Farc?  Es imposible que defienda su proceso, aquel sí tuvo cárcel y extradición.

Espero que así como apoyan el SÍ en el plebiscito, tengan la misma capacidad para medir resultados y evaluar los cambios que resultarán de un proceso desequilibrado, en el que la mayoría de los Colombianos no contamos. Que no nos pase lo de El Salvador y Guatemala, que hoy sufren los estragos de la impunidad. 

Votar por el SÍ es un compromiso con este país. Esperar que los desequilibrios de este acuerdo puedan ser corregidos para lograr una paz justa y verdadera, por qué la paz de palabra de nada sirve. 

P.D. Les ruego leer el acuerdo de paz antes de votar. Es por usted, es por Colombia.

@AliciaArango