En 1965 el sector agrícola en Colombia le aportaba al PIB el 30%, 55 años después, su participación es del 6.8%, las rentas del sector cambiaron por una fuerte escalada de los costos de producción, y las inversiones en planta y equipo perdieron espacio en la competitividad del sector.

Hoy, en uno de los ciclos económicos más difíciles a los que se enfrenta el país, el sector agrícola se muestra con un crecimiento del 6.8% equivalente a 14.3 billones en el primer trimestre de 2020, para el mismo trimestre de 2019, crecía al 0.9% y solo en los años 2013 y 2017 presentó niveles por encima del 11%.  Es un sector que emplea a 3.252.000 trabajadores, con una participación laboral en el agregado nacional de 15.9%, compite con comercio que tiene una tasa de empleabilidad del 18% y con industria que llega al 10.3%. Lo cual en materia laboral lo sigue manteniendo en los primeros lugares respecto de la demanda de mano de obra.

Durante la última década ha tenido un comportamiento del crédito a nivel nacional concentrando en 3 departamentos; Boyacá 36.43%, Cundinamarca 31.79% y Antioquia 31.78%, de acuerdo a la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), el sector ha expandido la demanda de créditos para mejoramiento de cultivos y semillas, así como para tecnificación pecuaria y silvicultura.

Así las cosas, el campo colombiano vuelve a ser el autor de mayor crecimiento económico en este trimestre, que incluso, dada su fragilidad logra dar a los colombianos la mayor oferta de alimentos disponible, reduciendo el riesgo de desabastecimiento. Se lleva todos los aplausos y reconocimientos en esta la Colombia rural. 6.8% en crecimiento, es un mérito que nos impulsa a repensar el campo colombiano así:

  • Impulsar las asociaciones productoras en el país mediante la permanencia de beneficios a la producción como puede ser, la eliminación de barreras comerciales directamente con el comprador.
  • Flexibilización de las condiciones de crédito para compra de maquinaria y equipo tecnificado, a través de rebaja en el tipo de interés, periodos de gracia, reducción en aranceles, fondo de maquinaria para asociaciones de productores, subsidio a la oferta.
  • Fortalecer los programas de emprendimiento en la mujer rural y el programa jóvenes rurales para la creación de redes de empresas con emprendimientos en cadenas de producción y valor agregado.
  • Expandir los programas de alianzas productivas a una población más vulnerable y avanzar en los programas de formalización de tierras.
  • Ampliar la base de negociación de compras directas, a través de canales de negocio entre los grandes compradores y los productores.
  • Fortalecer oferta sobre las exportaciones del sector agrícola a través de la diversificación de portafolios de bienes.
  • Mantener los programas de vivienda rural y mejoramiento de las condiciones de habitabilidad de las familias rurales.
  • Flexibilizar las condiciones de acceso a la tierra, a través del fortalecimiento de programas de compra de tierras. Para ello es muy importante el desarrollo del catastro multipropósito.
  • Llevar los centros de educación técnica, tecnológica y profesional al campo colombiano.
  • Focalizar los gastos del Presupuesto en el campo, desde la base de los pequeños productores, las asociaciones de pequeños y medianos productores y finalmente los grandes.

Son muchas las posibilidades de combinar eficientemente la política agraria nacional con un sector al que se le reconoce el aporte que hace a la economía y del cual depende la seguridad alimentaria del país, el agro colombiano demuestra con firmeza su capacidad para seguir incrementando su participación en el PIB y en cada hogar colombiano. La propuesta siempre ha valido la pena, creer en el campo y hacer crecer el agro es el camino correcto.

@CIROARAMIREZ

Publicado: mayo 21 de 2020