La centro-derecha debe construir un gran acuerdo que supere vanidades personales y tenga como prioridad evitar el ascenso de Petro al poder. Colombia no se puede dar el lujo de caer en manos de una izquierda radical que no le interesa en lo más mínimo la defensa de la propiedad privada. Para evitar que eso suceda, el nombre de Germán Vargas Lleras debe jugar un papel más que determinante.

Para esta época, hace cuatro años el Centro Democrático ya tenía cinco precandidatos presidenciales perfectamente definidos que emprendían un extenso recorrido por todo el País para realizar los foros democráticos. Espacios de deliberación donde cada uno de ellos explicaba su plan de Gobierno y se conectaba con las regiones.

Además, el partido llegaba con la fuerza política de la victoria del No en el plebiscito y era la principal opción de poder tras la administración Santos. Había un discurso claro, coherente y fácil de transmitir que se centraba en la necesidad de corregir los errores del Acuerdo de La Habana y reducir la asfixiante carga tributaria que se impuso en el Gobierno Santos para cubrir el inacabable derroche burocrático.

Sin embargo, hoy el panorama es diametralmente diferente. El uribismo llega a los comicios del 2022 con el desgaste que genera estar en la Casa de Nariño. Al proceso con las Farc el Gobierno Duque no le modificó una sola coma y los valiosos incentivos a la inversión que se establecieron en las reformas tributarias de 2018 y 2019 la pandemia los tiró al piso. Seguramente habrá que recortar algunos de ellos para pagar el incremento de $100 billones de la deuda de Colombia y la pérdida del grado de inversión encarecerá el financiamiento de la Nación.

Mientras tanto, la izquierda radical se aprovecha del aumento de la línea de pobreza para difundir un mensaje de odio de clases, propuestas suicidas como la emisión de moneda para financiar el presupuesto están a la vuelta de la esquina y el ascenso de Petro en las encuestas tiene a más de un inversionista pensando en sacar sus recursos antes de correr el riesgo de caer en manos del Chávez colombiano.

Por eso, es claro que todos los sectores de centro-derecha deben pasar la página, hacer a un lado sus diferencias y no darse el lujo de dividirse por egos personales. Las condiciones del País no son las mismas de hace cuatro años y la principal prioridad es construir un gran acuerdo que evite el ascenso del mal llamado progresismo y proteja la propiedad privada.

Y en ese proceso el nombre de Germán Vargas Lleras es fundamental. No sé si él vaya a ser el próximo Presidente o si Cambio Radical decida irse con Alex Char, pero lo que sí es claro es que su nombre debe estar dentro de las más importantes opciones.

En especial, porque si algo hemos aprendido estos años es que a la Casa de Nariño no se puede llegar a aprender, las decisiones se deben tomar rápido y hay que adelantar una minuciosa micro gerencia para sacar adelante los proyectos. El ejercicio de la legítima autoridad del Estado no debe limitarse a meros anuncios y la agenda del Gobierno no la pueden poner los sindicatos.

Y sí, Vargas Lleras fue el Vicepresidente de Santos y su gran error para 2018 fue no haberse retirado a tiempo de ese Gobierno. Sin embargo, es quizás la persona con mayor experiencia en el manejo del Estado, le cabe el País en la cabeza, le brinda garantías a los inversionistas y empresarios, tiene el carácter para poner a marchar a toda una Nación y la fuerza para contrarrestar a la izquierda radical.

Falta un año para la elección presidencial del 2022 y todavía mucho está por verse. La campaña no ha iniciado en forma y hay más especulaciones que certezas. Pero lo que sí es cierto es que hay que elaborar un gran consenso que tenga como esencia la defensa del libre mercado. Todos los nombres deben estar a disposición, incluido el de Germán Vargas Lleras.

@LuisFerCruz12

Publicado: junio 9 de 2021