Para nadie es secreto que el nuevo ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo tiene aspiraciones presidenciales. En 2014 y 2018, sometió su nombre a los mecanismos internos de su partido, buscando en ambas oportunidades alzarse con la nominación.

Una vez se produjo la victoria del presidente Iván Duque, se daba por descontado que Carlos Holmes ocuparía un lugar destacado en el gabinete. Era, sin duda, una de las figuras más destacadas del uribismo y su presencia en el gobierno de Duque, además de representativa, era una necesidad para aplicar a cabalidad la propuesta programática por la que votaron más 10.5 millones de colombianos. 

Hizo un buen papel en la cancillería, convirtiendo a nuestro país en un líder regional en la lucha por el retorno de la libertad y la democracia a Venezuela. Así mismo, logró recomponer las maltrechas relaciones con el gobierno de los Estados Unidos, en cabeza del presidente Trump. No se puede olvidar que Colombia estaba al borde de sufrir las nefandas consecuencias de una descertificación, por el incumplimiento sistemático de Santos, de los compromisos en materia de lucha contra las drogas. 

En la Casa Blanca, resultaba inaceptable que Colombia hubiera llegado en 8 años a más de 200 mil hectáreas cultivadas con coca. Gracias a una muy intensa labor diplomática, acompañada por resultados palpables en la reducción de dichas plantaciones, el ambiente empezó a cambiar favorablemente, sin que aquello signifique -ni mucho menos- que en Washington, las alarmas no continúen encendidas.

Con ocasión de la renuncia de Guillermo Botero al ministerio de Defensa, el reemplazo obvio de ese exfuncionario, era Carlos Holmes Trujillo. El presidente Duque no podía correr el riesgo de entregarle esa cartera a alguien que no esté perfectamente alineado con su política de seguridad y quién mejor para cumplir -o seguir cumpliendo- con esa tarea, que alguien cuyo compromiso ya está probado. 

La defensa y la seguridad nacional no son asuntos de menor cuantía y menos en momentos tan difíciles como los que atraviesa Colombia. 

En el Centro Democrático, ven con muy buen ánimo al ministro Trujillo. No son pocos los que tienen sus ojos puestos sobre él, para una eventual candidatura presidencial en 2022. Pero para eso, todavía falta mucho tiempo y a las personas -sobre todos a los servidores públicos- hay que medirlas por sus ejecutorias.  

Colombia necesita que el nuevo ministro de Defensa dé muy buenos resultados. La criminalidad desbordada, sumado al problema mayúsculo del narcotráfico y a los grupos terroristas que delinquen en distintos puntos de la geografía nacional, deben seguir siendo combatidos, sin contemplación ni consideración ninguna. 

Nuestra democracia está asediada por múltiples elementos generadores de violencia y por los desbordados cultivos ilícitos que, hay que decir, el gobierno Duque ha enfrentado con determinación y ardentía, pero es evidente que se requiere un mayor esfuerzo. Mientras existan esas cantidades espeluznantes de hectáreas cultivadas, la amenaza seguirá siendo fuerte. 

Si la tarea le sale bien al ministro Trujillo, quedará muy cerca de ganar las próximas elecciones presidenciales. Pero esa posibilidad no debe ser la preocupación del momento. Corresponde concentrar esfuerzos para cumplir las tareas que sean necesarias para mantener a la sociedad segura, a través del enfrentamiento de todos los factores de riesgo. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 18 de 2019