En el ocaso de su vida, Cesar Gaviria se muestra como un político irreflexivo y desesperado que está llevando a su colectividad, el partido liberal, al abismo de la incoherencia.

Cuesta entender que hace un año, el liberalismo haya respaldado con decisión y entusiasmo decidida la denominada ley de financiamiento y ahora, se oponga con virulencia al nuevo proyecto que es esencialmente igual al que hundió la politizada corte constitucional. 

¿Qué sucedió en estos 12 meses para que el partido que regenta Gaviria, haya dado un giro de 180 grados? 

Simón Gaviria y sus inminentes líos con la justicia, es el nombre del juego. 

Una persona cercana al expresidente Gaviria, le comentó a LOS IRREVERENTES que el exmandatario tiene la íntima convicción de que desde la Casa de Nariño se está estimulando la filtración de los audios que ha conocido el país en los últimos días, y que ratifican lo muchas veces denunciando, respecto de la directa y decidida participación de Simón Gaviria en la empresa criminal del ingreso de dinero corrupto de Odebrecht a la campaña reeleccionista de Juan Manuel Santos, en 2014.

Simón Gaviria, en su condición de director del partido liberal, designó a Esteban Moreno y a Ángela Garzón como gerentes de la campaña de su colectividad. 

El plan criminal parecía perfecto. El nombramiento de Moreno y Garzón se produjo a mediados de diciembre de 2013. El partido liberal, para las elecciones de 2014, no iba a presentar candidato presidencial, pues hacía parte de la coalición que respaldó la reelección de Santos. 

Entonces, a través de la campaña para Congreso, los gerentes del partido -Esteban Moreno y Ángela Garzón- tenían vía libre para permitir el ingreso del dinero que quisieran, pues las leyes electorales de nuestro país no prohíbe que las colectividades políticas reciban aportes de personas jurídicas y tampoco tienen topes. 

En múltiples escenarios y antes muchas personas, Esteban Moreno, criminal que aún sigue impune, ha dicho que cuando él hable, se va a caer el establecimiento colombiano. 

Y lo cierto es que el primer salpicado, cuando ese sujeto empiece a delatar a sus cómplices, será Simón Gaviria. 

Seguramente, el expresidente Gaviria, acostumbrado a las componendas y los acuerdos por debajo de la mesa, esperaba que el presidente Duque se prestara para encubrir los delitos de Simón, cosa que jamás sucederá. Duque es, ante todo, un promotor de la cultura de la legalidad. 

Si el hijo del exmandatario liberal termina en una cárcel, será como consecuencia de sus actuaciones y no por causa de una persecución urdida desde la sede presidencial de Colombia. 

Así que mucho se equivocan los liberales al permitir que la línea de acción política de su partido sea trazada por los impulsos histéricos de César Gaviria, quien no está pensando en la colectividad ni en el país, sino en salvarle el pellejo a su inquieto vástago. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 17 de 2019