Acaba de revelarse el informe sobre drogas ilícitas elaborado por la ONU, respecto del año 2017. La cifra que hace referencia a Colombia es francamente espeluznante. 

Según el máximo organismo multilateral del planeta, el 70% de la cocaína que se produce en el mundo, es hecha en Colombia.

Aquella cantidad, que refleja un aumento superior al 25% respecto de 2016, es la muestra incontrovertible de que Juan Manuel Santos convirtió a Colombia en un mar de coca y, en consecuencia, de cocaína.

Una de las grandes victorias del cartel de las Farc durante los diálogos de La Habana, fue el haber logrado que Santos suspendiera la fumigación de cultivos ilícitos, con lo que el camino para la producción acelerada de clorhidrato de cocaína quedó perfectamente pavimentado.

El acuerdo Santos-Timochenko, además de ser un nauseabundo monumento a impunidad, se constituyó en la patente de corso para el narcotráfico. 

Durante el gobierno del presidente Uribe, los narcocultivos bajaron a menos de 40 mil hectáreas. Santos, durante sus ocho años de régimen corrupto, permitió que éstos ascendieran a más de 220 mil hectáreas, 5 veces más de lo que había cuando ese sujeto asumió la presidencia de la República el 7 de agosto de 2010. 

El dinero producto de la comercialización de la cocaína llega directamente a engrosar las arcas de las estructuras armadas ilegales, que atentan contra la estabilidad democrática de Colombia. 

Esa fue la Colombia que el irresponsable Juan Manuel Santos dejó al finalizar su accidentado, impopular y cuestionado gobierno. No se equivocan dirigentes políticos como el senador José Obdulio Gaviria quien insistentemente ha calificado a Santos de haber sido un presidente “cocalero”. Las cifras  y los hechos hablan por si mismos: más de 200 mil hectáreas que no pueden ser fumigadas por orden de la corte constitucional; cultivos ilícitos ubicados en zonas donde antes había bosques nativos, configurándose así el más lamentable de los ecocidios que se haya cometido en la historia de la humanidad. Y para rematar, un aumento exponencial en la fabricación de cocaína, con lo que las finanzas de las organizaciones ilegales gozan de muy buena salud, en detrimento de los intereses nacionales. 

Santos le dejó bien montado y protegido el negocio a los narcotraficantes. Y las Farc, a su vez, permitieron que sus frentes y cuadrillas que operaban en las principales zonas cocaleras del país no entregaran las armas y continuaran operando como “disidencias”. Es el caso, por ejemplo, de frente 1 que delinque en el departamento del Guaviare. 

Pero el gobierno del presidente Duque no se ha quedado con los brazos cruzados: en los 10 meses que cumple la actual administración, ya se han erradicado más de 30 mil hectáreas de cultivos ilícitos y, paralelamente, se están identificando mecanismos eficaces para lograr la erradicación total de los cultivos de coca. 

Lo cierto es que el 7 de agosto del año pasado, el cínico Juan Manuel Santos empacó sus maletas y salió de la casa presidencial dejando una herencia maldita que se traduce en cientos de miles de hectáreas inundadas con plantas de coca y miles de toneladas de cocaína envenenando a millones de personas. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 27 de 2019