No soportan que un tipo de carácter rural, que usa un poncho al hombro para secarse el sudor, y toma café tinto montado en un brioso caballo de paso colombiano, les gobierne el país. Lo está haciendo desde hace 20 años y tuvo que venir la hegemonía bogotana para intentar detenerlo, disfrazándose en sus huestes como uno de él. En una actuación digna de un premio Óscar de la Academia de Cine de Hollywood.

Muy parecido le tocó a Rafael Núñez Moledo, el presidente cartagenero que también los gobernó por más de 20 años y hasta les hizo una constitución. Al que la mencionada hegemonía, le hizo la vida imposible y tuvo que aguantar su embate. Tanto que se aburrió de ellos  y se trajo el gobierno para la casa del Cabrero en Cartagena, ciudad, verdadera cuna de la independencia, porque el 20 de julio es otro falso positivo de la historia, inventado por esa hegemonía. Lean por favor la vergonzosa acta de independencia que se firmó ese día.

Tanto fue el encono que yo como muchos otros ponemos en  duda su muerte. De tal manera que sería bueno exhumar sus restos mortales para comprobar si fue o no envenado por la mencionada hegemonía en un ardid propio de su gélida hipocresía.

La famosa hegemonía  es la que tiene el país hecho trizas por el consuetudinario abandono de la provincia. Y sobre todo de las poblaciones limítrofes con los países vecinos (donde abunda la guerrilla). Y que otrora fue causa de la pérdida del territorio geográfico por parte de esos países, quienes lo reclamaban; como Perú, Venezuela, Ecuador y ultimamente el mar territorial de las Islas de San Andrés con Nicaragua.

Si se mira el mapa nacional se darán cuenta que los departamentos que más padecen de agua potable, servicios públicos y oportunidades sociales son los mencionados que se localizan en la periferia geográfica, como si acaso no existieran. Es casi una constante, entre más distante de Bogotá más miserable son. El presidente José Manuel Marroquín (Bogotá 1827-Bogotá 1908) de la mencionada hegemonía, fue tan descarado que cuando entrego a Panamá (donde nos hemos debido de unir los costeños caribe) dijo; “ala, recibo un país y les entrego dos”.

Hoy esa hegemonía  ha dividido a Bogotá en norte y sur. Y con cierta razón a causa de  esos señoritos capitalinos (los del norte), que se creen elegidos por Dios. Y que en franca rebeldía (los del sur) ha mutado a los movimientos de izquierda. Cuyos representantes, el voto popular de manera equivocada ha llevado a gobernar los destinos de Bogotá, que la han sumido en un desastre económico y social. Es casi una venganza de la Bogotá del sur (los de ruana) contra la Bogotá del norte (la de los señoritos encopetados). Y ha creado una enorme división entre los colombianos, tanto que los costeños caribe anhelamos separarnos y fundar nuestro propio país, lejos y para siempre de esa malévola hegemonía.

@rodrigueztorice

Publicado: julio 25 de 2019