El procurador general, Fernando Carrillo, en vez de quejarse por la hecatombe ética, debe adoptar medidas contra funcionarios del santismo.

En recientes declaraciones, el procurador general de la nación, Fernando Carrillo, se conduele al decir que Colombia está haciéndole frente a una “hecatombe ética”. Lo que el jefe del ministerio público, habilidosamente no dice es que el causante de la tragedia que agobia a Colombia se llama Juan Manuel Santos.

Es comprensible que el procurador sea prudente a la hora de emitir juicios contra la responsabilidad del gobierno nacional en la “hecatombe ética”. Gracias a Santos,  fue director de la agencia de defensa del Estado. Luego, dio al salto al ministerio del Interior y ahí se fue a disfrutar de las mieles de la diplomacia como embajador en España.

Siendo jefe de la delegación colombiana en Madrid, ordenó redactar un libro semibiográfico de Juan Manuel Santos, al que le puso un título cuya zalamería produce vergüenza ajena: La estirpe de los Santos.

Es claro que en ninguna de las páginas del desafortunado libro se halla una sola línea que ponga en evidencia la verdadera estirpe, en este caso calaña, del presidente de la República.

Desde que Santos llegó al poder, el Estado colombiano empezó a ser víctima de una brutal operación corruptora que ha contaminado todos y cada uno de los rincones del país. No hay una sola entidad que no haya sido entregada a la voracidad de los congresistas que integran la denominada unidad nacional.

Santos, que es un político incapaz, carente de liderazgo y de carisma, tuvo que configurar una coalición en la que las ideas fueron reemplazadas por las dádivas y las prebendas. A falta de un discurso, echó mano de la mermelada. Cuando un político no es atraído por un cuerpo de doctrina, buena es la burocracia oficial para seducirlo y corromperlo. Y eso es lo que ha hecho Juan Manuel Santos desde el 7 de agosto de 2010, cuando tomó las riendas de nuestro país.

Al procurador general de la nación, que es el defensor de los intereses de la sociedad en general, le corresponde tomar la iniciativa y no quedarse en el diagnóstico mediocre. ¿Qué aporte le hace a la situación que el procurador Carrillo diga pomposamente que estamos padeciendo los estragos de una hecatombe ética?

Se requiere acción. Si bien es cierto que el presidente de la República no es sujeto sancionable por la procuraduría, no menos lo es que los demás funcionarios del Ejecutivo sí lo son.

Que los recursos del pueblo colombiano hayan sido destinados para construirle una carretera a la familia de la exministra Gina Parody, por orden de la también exministra Cecilia Álvarez, es una muestra evidente de la “hecatombe ética” que agobia a Colombia. Tanto Parody como Álvarez, además de haber violado el código penal, transgredieron las normas disciplinarias, razón por la que no se entiende por qué el procurador que se muestra aterrado por la “hecatombe ética”, no ha avanzado en las investigaciones contra esas dos exfuncionarias, adelantando un proceso disciplinario abreviado y urgente en contra de ellas.

Los congresistas que están involucrados en el escándalo de corrupción de la justicia, como Musa Besaile, Álvaro Ashton y Hernán Andrade –todos de la unidad nacional y grandes electores de Juan Manuel Santos-,  no han sido siquiera citados preliminarmente por la procuraduría para que den su versión de los hechos en los que están involucrados.

El doctor Fernando Carrillo es un hombre vanidoso y fantoche al que le gusta llamar la atención de los medios por sus “frases audaces” y no por las sanciones que emanan de su despacho.

Si el procurador está sincera y honestamente comprometido en la lucha contra la corrupción, entonces que pierda el temor y empiece, cuanto antes, a tomar decisiones de fondo respecto de las conductas en las que han incurrido funcionarios del santismo y congresistas que lideran la coalición que encabeza aquel hombre sobre cuya “estirpe” él ordenó escribir un libro.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 3 de 2017