Claudia Nayibe López, quien no se repone de la monumental victoria del NO, arrecia contra el uribismo gritando e insultando.

Para nadie es un secreto que la senadora Claudia Nayibe López profesa un odio visceral hacia Álvaro Uribe y por añadidura todas las personas que son cercanas al exmandatario de los colombianos.

Desde que comenzó su vida pública, primero como columnista y luego como investigadora social, su objetivo ha sido siempre el mismo: desacreditar al precio que sea a los defensores de la Seguridad Democrática.

De la mano del exguerrillero León Valencia, conocido en el mundo del hampa con el alias de “Gonzalo”, lideró una investigación sobre el denominado fenómeno de la “parapolítica” partiendo de una hipótesis de trabajo bastante cuestionable: la atipicidad en los resultados electorales de ciertos dirigentes políticos.

En efecto, según López, todos aquellos candidatos que entre una y otra votación observaran un crecimiento en el porcentaje de sus votaciones, esto se debía a la injerencia de grupos armados ilegales. Lo insólito es que aquella deleznable tesis fue acogida por la Corte Suprema de Justicia, ente que durante el gobierno de Uribe obró como un directorio político de la oposición.

Con base en los estudios de Claudia Nayibe, muchos congresistas terminaron encarcelados y algunos condenados.

El país aún recuerda que en su momento, el entonces Fiscal General de la Nación Mario Iguarán, cual tartufo, dijo que se “inclinaba reverencialmente” ante los estudios de López.

Aquello le significó una sobreexposición mediática. Buena parte de los medios de comunicación la tenían a ella como la fuente más calificada para analizar la crisis desatada por cuenta de la cacería de líderes políticos liderada por la Corte Suprema y la Fiscalía General.

Hasta el momento en que fue expulsada del diario El Tiempo, su columna era un faro para los opositores al gobierno del presidente Uribe.

De analista a congresista

De cara a las elecciones de 2014, Claudia López se inscribió en el partido Verde como candidata al senado. Era la primera vez en su vida que aspiraba a un cargo de elección popular. De acuerdo con la Registraduría General de la Nación, ella obtuvo 81045 votos, una cifra significativa y, en palabras suyas, “atípica” en una persona que jamás había sometido su nombre al escrutinio de los ciudadanos.

Poco más de la mitad de sus votos fueron depositados en Bogotá (41442). El resto los recogió en el resto del país. Si se aplicara su cuestionable tesis de votaciones atípicas, ella tendría que entrar a explicar porqué, de la noche a la mañana obtuvo un resultado superior al de reconocidos dirigentes políticos como Roy Barreras o Armando Benedetti, de La U; Arleth Casado de López (esposa del cacique cordobés Juan Manuel López Cabrales) o Juan Manuel Galán, ellos del partido liberal, sin dejar por fuera a los conservadores Eduardo Enriquez Maya o Samy Meregh. Todos ellos, con larga tradición electoral fueron superados por la novata Claudia Nayibe López. ¿Quién financió su campaña? ¿Cuáles fuerzas políticas le ayudaron en Antioquia para sacar casi 12500 votos en aquel departamento?

Su paso por el Congreso ha sido más mediático que cualquier cosa. Ha concentrado su labor parlamentaria a insultar a sus rivales ideológicos. Los buenos modales y las buenas maneras no hacen parte de su código de comportamiento. Más de una vez ha tenido que retractarse ante la justicia por cuenta de las calumnias e injurias que ha lanzado contra diferentes personalidades.

Lo de ella son las amenazas y los improperios. Dicen los expertos en psiquiatría que en tanto más alto es el ego de una persona, menor es su nivel de autoestima.

Convencida de que con sus alaridos amedrenta a sus contradictores, en los pasillos del congreso, parlamentarios, funcionarios y periodistas la llaman “la gritona”.

Dice y se contradice. Amenaza y manipula. Más de una vez ella misma se ha tenido que tragar sus  propias palabras. Cuando el gobierno estaba perfeccionando la terna para elegir al nuevo Fiscal General de la Nación, amenazó con votar NO en el plebiscito si el doctor Néstor Humberto Martínez era incluido en la misma. Creyó que sus palabras asustarían al gobierno y a la Corte Suprema. Martínez terminó siendo el elegido y ella votando por el SÍ.

Ahora, que no sale del estupor que le produjo la monumental victoria del NO en el plebiscito, victoria que por demás hay que adjudicarle en buena media al uribismo, se ha dedicado a pisotear el resultado democrático.

Con sus insultos al uribismo, está faltando al respeto a los 6.5 millones de colombianos que sincera y argumentadamente le dijeron NO a los acuerdos entre Santos y Timochenko.

Es natural que a Claudia Nayibe López no le haya gustado el veredicto popular. Ella, como Santos y demás miembros de la coalición de gobierno-Farc, despreciaron al pueblo y subestimaron el liderazgo de personas como Álvaro Uribe, Alejandro Ordóñez, Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo. Ellos, con argumentos sólidos y trabajo continuo pudieron pasar por encima de la “mermelada”, de los ñoños y de las trampas.

Eso debe doler, debe producir ira, frustración y desasosiego. Aquello explica entonces la reacción de la senadora López. A falta de argumentos para asumir la derrota, echa mano de los recursos que mejor sabe utilizar: los alaridos, los insultos y los improperios.

@IrreverentesCol