Cuando al escribir una columna se osa poner este título en un país como Colombia se vienen a la cabeza demasiados temas: los estafas financieras como DMG, Interbolsa, Proyectar, Estraval, o Elite, y las estafas políticas como la elección de Samper con recursos del cartel de Cali, la candidatura de Gaviria tras un discurso del púber hijo de Galán, o, por supuesto, las dos elecciones de Juan Manuel Santos, la estafa de la primera elección cuando se eligió bajo otras banderas y traicionó a sus electores y la segunda, cuando se inventó un hacker para desacreditar a su oponente y ganar las elecciones.

Pero si los colombianos vivimos de estafa en estafa, el combo plebiscito y acuerdo con las Farc se convertirán en la estafa más grande sufrida por el pueblo colombiano.

Nunca el Estado había tenido tanto poder ni en una dictadura un gobierno había tenido compradas o atemorizadas a todas las ramas del poder público, a los gremios de la producción, y a los medios de comunicación. Es por esto que los pocos colombianos que alzamos la mano para criticar casi perecemos en el intento.

La mayoría de las estafas vienen con un contrato o acuerdo leonino, difícil de entender, con letra menuda, y lo suficientemente largo para que los firmantes no lo lean. El acuerdo de La Habana cumple con todos los puntos expuestos anteriormente, y podemos adicionar que las partes firmantes no representan ni siquiera  al veinte por ciento de la sociedad.

Eso, las partes lo tienen claro. Se inventaron un plebiscito para que los colombianos refrendáramos el acuerdo, y para esto han hecho todas las marrullas y torcidas de la ley posibles para lograr aprobarlo.

Marrullas como bajar el umbral al 13%, hacer una pregunta inducida, utilizar la palabra paz, usar los recursos públicos para la campaña por el Sí, amedrentar a los mandatarios regionales para apoyar el acuerdo a cambio de ayuda y presupuesto, asustar a empresarios y gremios con investigaciones si no lo apoyan, pagar inmensas cantidades de dinero a medios de comunicación en contratos y publicidad. Hacen que las estafas anteriores sean juegos de niños.

Seguramente las votaciones más altas por el SÍ se lograrán en regiones, en donde históricamente el voto es inducido y comprado, y la menor donde el voto de opinión es mayoría.

Como todos saben hasta hoy he tomado la decisión de abstenerme de votar esta estafa o fraude, aunque estoy revaluando mi posición debido a que considero que las personas que han trabajado tan duramente por el NO, y que han arriesgado sus empleos, su integridad, y sus familias, merecen el apoyo incondicional de los colombianos de bien.

 

@SANTAMARIAURIBE