Nuestra Selección Colombia ha disputado grandes partidos a lo largo de su historia, le ha dado inmensas y duraderas alegrías al pueblo colombiano, como también, y es natural en el deporte, le ha hendido el corazón a muchos por las derrotas, a veces inexplicables. De seguro, ningún, ningún director técnico se ha salvado del aplauso y de la rechifla, quizá unos han recibido más de lo primero y otros más de lo segundo.

¿Hemos padecido fracasos? Sí, claro. ¿Hemos sufrido goleadas? Pero por supuesto. Pero quizá la mayor goleada recibida hasta el momento -y de la que muy seguramente nos costará en demasía levantarnos- es la goleada que le ha metido la Farc y compañía a la democracia y la institucionalidad colombiana con anuencia del presidente Santos y sus lacayos. Esa sí es una goleada con serias afectaciones a la vitalidad y estabilidad de nuestro país.

Golazos fueron por ejemplo que Santos haya permitido que el narcotráfico se convirtiera conexo con el delito político. También que hubiese suspendido las fumigaciones por la mera exigencia de Farc, logrando los resultados que todos ya conocemos. Otro tanto fue el que hizo Iván Marquéz de tijera, quien sin haber entregado a todos los menores ni todas las armas, logró que varios de los miembros del Secretariado de Farc sean Congresistas, están es a la espera del 20 de julio próximo para posesionarse. Otro punto fue aquél que Catatumbo insertó en la malla de media volea, presionando a Santos para que permitiese se cogobierne al país, pues nada se aprueba, nada se firma, nada se ordena sin el visto bueno de la comisión de seguimiento y verificación de Farc. Otro fue el acierto de cabeza que metió Timochenko, al obligar al gobierno nacional a crear dizque unas “circunscripciones de paz”, que no son más que territorios de histórica presencia de estos malandros. Y qué decir del pase gol impuesto por Alape, con el cual entregan pocillos y bultos de sal para reparar a las víctimas. Pero nada como la chilena de Santrich, quien a pesar de su “limitada” visión, perpetró el gol que sentenció la pérdida de Colombia. Ese tanto con el cual se incorporan unos acuerdos espurios y se suplanta la Constitución; en unos casos desmantelando y, en otros, modificando la estructura del Estado. ¡Esa anotación fue fulminante!

La Farc utilizó una buena formación, se aprovechó de la debilidad defensiva del gobierno y marcaron gol tras gol. Pero bueno, qué se podía esperar de ese partido, si el capitán del equipo de Santos era ni más ni menos que De La Calle, quien siempre juega por conveniencia.

Por eso, para el próximo periodo presidencial, Colombia requiere un equipo de gobierno firme en sus posturas, querendón del público que asiste a sus partidos, y no solo eso, sino con una portería impenetrable, en donde no haya lugar para los goles, de ningún tipo, en especial los de corrupción. Esta debe ser una Selección capitaneada por una persona que escuche a todos los sectores, que conozca el campo sobre el cual va a jugar, pero sobre todo, que sea leal a los ideales que promueve.

Y claro, esa Selección requerirá un director técnico con experiencia, pero también con humildad y amor por la camiseta. Estoy seguro que el perfil más adecuado, por no decir el único, es el del presidente y hoy Senador Álvaro Uribe Vélez. Con él como director tendremos garantizados 90 minutos, o mejor, 4 años de mejoría, de estabilidad y en especial de futuro. Es la única posibilidad hoy de Colombia de volver a ser esa Selección grande, honorable y que brindó tantas garantías y tanta tranquilidad entre el 2002 y 2010.

Tenemos con qué, saldremos al campo de juego y sudaremos la camiseta. El 18 será un año decisivo, y si no lo tomamos así, tendremos un futuro incierto, nada peor para una sociedad que eso. ¡Usted estimado lector, tiene el balón, acompañe esta Selección!

@AndresSaavedra_

Publicado: septiembre 7 de 2017