La ley de bancadas se creó hace unos años con el objetivo de fortalecer la disciplina al interior de los partidos. Antes de ella, era completamente normal que cada congresista cogiera por su lado sin que existieran mecanismos para que la cohesión de las colectividades fuera una realidad que permitiera una mejor articulación del debate político.

Sin embargo, como todo en la vida, esa ley fue muy clara al crear una excepción a la natural obediencia que deben tener los parlamentarios cuando los partidos toman una decisión frente al cómo votar un determinado tema.

Como tal, cuando un congresista considere que por razones morales, éticas y, en general, consideraciones propias de su fuero interno no está de acuerdo con la posición mayoritaria asumida por su colectividad, se puede alejar de esta por objeción de conciencia.

Y eso fue precisamente lo que hizo Ana María Castañeda el pasado martes, donde en un acto de valentía y gallardía moral se alejó de la postura de su colectividad, Cambio Radical, al no votar el informe que quería hundir las objeciones y dar por sepultada, en la práctica, la extradición de bandidos a otros países.

Por eso, es completamente detestable el cobarde linchamiento mediático que se ha hecho contra la Senadora, quien lo único que hizo fue defender vehementemente sus convicciones y principios que quisieron someter por una postura política.

Por más que ciertos caciques políticos estén empeñados en sabotear a como de lugar la agenda legislativa del Gobierno y prefieran beneficiar al impune narcoterrorismo que ha sometido al País durante décadas antes de lograr acuerdos sensatos en torno al futuro de la débil estructura de justicia transicional que significa la JEP, eso no quiere decir que todos los parlamentarios tengan que acogerse a esa decisión sin levantar su voz en pro de los intereses superiores de la Patria.

Ojalá que aquellos que se esconden detrás de una cuenta de Twitter para insultar airadamente a los congresistas por sus decisiones estudien mejor el régimen legal vigente y dejen de dañar el buen nombre de una parlamentaria que no se prestó al juego politiquero de su partido y prefirió ponerse del lado correcto de la historia.

¡Mi total solidaridad y apoyo con Ana María!

La valentía es uno de las más importantes cualidades que debe tener un buen ciudadano, pero sobretodo un parlamentario que no negocia sus principios a cambio de coyunturas políticas que generan serias afectaciones a un País que hasta la saciedad ha rechazado mayoritariamente un acuerdo con imperfecciones.

@Tatacabello

Publicado: mayo 3 de 2019