La carta del terrorista Iván Márquez en la que da a entender que no tomará posesión de la curul que Juan Manuel Santos le regaló en el Senado de la República, es el abrebocas de la fuga que ese criminal va a protagonizar.

Hace más de dos meses, luego de la batida en la que cayó el narcotraficante Jesús Sántrich, Márquez huyó hacia la selva del Caquetá, a uno de los campos de concentración en los que se encuentran los desmovilizados de las Farc. Desde allí, respaldado por el sanguinario terrorista alias El Paisa, el jefe guerrillero ha enviado señales en el sentido de que prepara su regreso a la clandestinidad.

El motivo es evidente. Luego de la captura de Sántrich, un sobrino de Márquez, el narcotraficante Marlon Marín se entregó a las autoridades estadounidenses ante las que está colaborando y delatando a los principales capos de las Farc que continúan involucrados en el tráfico de estupefacientes.

Sántrich estaba metido de lleno en la negociación de un alijo de 10 toneladas de cocaína. Un cargamento de esa magnitud requiere del concurso de muchas personas. Es obvio que Sántrich no estaba solo en ese negocio y, al decir popular, el que las debe, las teme.

Aquello explica la actitud hasta ahora observada por Iván Márquez, cuya presencia en el Senado es una afrenta a la democracia, como también lo es la de sus compinches terroristas que ocuparán las otras 9 curules que Santos les obsequió.

Así que el hecho de que ese bandido le diga no a su posesión como senador, debe ser motivo de regocijo. No es admisible que un sádico de su catadura pueda participar en la aprobación de las leyes que rigen a la República.

Lo que es inaceptable es que el gobierno le haya extendido alfombra roja para su escape hacia la manigua del sur del país.

Que nadie se llame a engaños: difícilmente volveremos a ver a Márquez. Su presencia es necesaria para que comparezca ante la justicia y eventualmente para ser extraditado hacia los Estados Unidos.

Ese sujeto no estuvo presente en el primer llamado que hizo la JEP para que los cabecillas de las Farc comparecieran con el fin de responder por los secuestros cometidos. Uno de los pocos bandidos de esa estructura que asistió a la diligencia fue alias Timochenko, quien se presentó sonriendo, con el puño en alto y lanzando arengas alusivas a las Farc.

Urge que las autoridades tengan perfectamente ubicado a Márquez, pues sería una verdadera vergüenza para nuestro Estado de derecho que ese criminal pueda salir hacia la clandestinidad con total tranquilidad. Aquello sería más deshonroso que la tristemente célebre fuga de Pablo Escobar de la cárcel La Catedral.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 18 de 2018