Ni trizas un risas. Con esa frase, Iván Duque resumió el manejo que le daría al acuerdo con las Farc encaso de que él fuera elegido como presidente de la República.

La fuga de tres peligrosos cabecillas de las Farc: Iván Márquez, alias El Paisa y Romaña, no es una asunto que se debe manejar con falsas sonrisas. Es gravísimo que 3 de los capos de esa banda criminal estén por fuera del control institucional.

Esto no puede ser manejado con prudencia ni considerado como una “prueba de fuego” para Miguel Ceballos, el designado comisionado de paz. Es hora de que él haga un anuncio contundente y tome las decisiones correspondientes.

La fuga de los tres criminales significa la reactivación de una de las facciones más violentas de las Farc. Ellos no están cazando mariposas en las praderas colombianas. Seguramente ya cruzaron la frontera y se encuentran protegidos por la dictadura venezolana.

Esta fuga no puede manejarse como una situación anecdótica. Se debe definir cuál es el tratamiento que se le habrá de dar a esos bandidos que hoy están en condición de prófugos y que claramente están violando el acuerdo que en su momento suscribieron con el gobierno de Santos.

Márquez, El Paisa y Romaña son un peligro para la seguridad nacional de Colombia. Esos individuos, que son considerados como terroristas internacionales y que están pedidos en extradición por los Estados Unidos, no pueden continuar libres porque en cuestión de días tendrán a su disposición poderosas estructuras delincuenciales capaces de desestabilizar a la democracia colombiana.

Empiezan a verse las consecuencias del nefasto acuerdo entre Santos y los terroristas de las Farc. Cuando desde el uribismo se reclamó por la importancia de tener la certeza de que la totalidad de las armas serían entregadas, se aseguró que esa solicitud era un atentado contra la paz. Que debía confiarse plenamente en la ONU. Pero al sol de hoy, nadie sabe realmente cuántas ni qué tipo de armas entregaron los terroristas. Si hay estructuras de las Farc que han reincidido es gracias a que no se devolvió la totalidad del material bélico.

Igualmente, al suspender la fumigación aérea de los cultivos de coca, se dejó intacta la principal fuente de financiación de los terroristas. Con más de 200 mil hectáreas cultivadas, los miembros de las Farc tienen a su disposición un mar de oro con el que podrán financiar todas las acciones terroristas que se les antoje.

Por eso, hay que seguir las recomendaciones del ministro de Defensa, Guillermo Botero, quien no ha dudado un minuto en proponer que se retome, cuanto antes, la fumigación aérea. El debate del glifosato no puede ser argumento para que esa decisión siga retrasándose. Existen en el mercado otros productos igual o más eficaces que no tienen implicaciones medioambientales.

El fondo del asunto debe ser el de la iniciativa; el Estado, en manos del presidente Duque, no puede ser un testigo silente frente al desafío criminal que se está planteando. Los terroristas de las Farc que se desmarquen del acuerdo que les regaló Juan Manuel Santos, deben ser perseguidos con toda la decisión posible y reducidos. Sujetos como Márquez, El Paisa y Romaña son un peligro para nuestra sociedad y tenerlos libres, planeando fechorías, es inadmisible. Por eso, Duque ha dicho que a las Farc no las va a tratar con sonrisas complacientes y la mejor forma de demostrarlo es a través de una acción concreta y contundente contra esos delincuentes.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto 4 de 2018