Desde que Juan Manuel Santos decidió robarse el plebiscito, los legitimadores del acuerdo sintieron que estaban por encima de la voluntad del pueblo. Pensaron que así lloviera, tronara o relampagueara, el acuerdo se impondría al precio que fuera. Incluso, en contravía del pueblo y de la institucionalidad.  

Así han actuado, creen tener un derecho superior al de todos. Basta con escuchar la soberbia de los senadores legitimadores del terrorismo, a los cínicos cabecillas de Farc -hoy congresistas- y a los voceros de la JEP.

Su acuerdo, el acuerdo entre Santos y Farc, no es el acuerdo de los colombianos, sino el de un Gobierno corrupto con un grupo terrorista. Un acuerdo que tuvo mucha reunión en grandes salones, enormes gastos publicitarios, discursos para apasionar, llenos de mentiras, y un gran despliegue burocrático. Sin embargo, se olvidaron de algo fundamental: el pueblo. 

La victoria del No fue, tal vez, la más heroica de la historia. No por el número de votos obtenidos, sino porque derrotamos el establecimiento como David contra Goliat. Derrotamos al Gobierno de turno, a gobernaciones y alcaldías, a los medios de comunicación que montaron una agenda proacuerdo, y a los partidos políticos que lo defendían.  A esta victoria se sumó la de Iván Duque, más de 10 millones de votos respaldaron sus propuestas para modificar sustancialmente ese acuerdo.

Entonces, ¿de dónde y por qué han creído que la JEP se tiene que implementar tal cual la concibieron? Si lo único que ha habido es rechazo por parte del pueblo. Esa JEP, a pesar de ser una realidad jurídica, es ilegítima. Fue rechazada en el plebiscito y aprobada con un procedimiento espurio como lo fue el ‘Fast Track’, ablandada con la mermelada del Gobierno de turno, en contravía de la Constitución.

En vez de ocuparse en señalar a quienes los confrontan y de valerse de ciertos medios de comunicación para que amplifiquen sus persecuciones, la JEP debería cumplirles a las víctimas y no a sus egos. Si hoy Colombia volviera a repetir ese plebiscito, los del NO ganaríamos nuevamente. Y no por miles, sino por millones de votos. Pues el único resultado tangible de la JEP ha sido el de haber servido a la fuga de alias ‘Jesús Santrich’ y de alias ‘Iván Márquez’.

Esta semana la JEP dejó en firme un auto, donde citan a varios cabecillas de Farc a comparecer por el reclutamiento de menores. Situación que no ha sido por la benevolencia de esa institución, sino porque así lo exige el derecho internacional; el delito de lesa humanidad de reclutamiento de menores no es amnistiable. Sin embargo, en la JEP, la “sanción” que se imponga nunca será cárcel.

Hoy quiere ese tribunal crear una falsa sensación de justicia, ya que en el acuerdo establecieron una serie de sanciones risibles para este tipo de delitos. Probablemente, veremos a alias ‘Tornillo’ pintando un jardín, pero nunca tras las rejas.

Esto sin contar el grado de negación de los crímenes, lo que a todas luces es negarse a la reparación. Hemos visto declaraciones como las de Sandra Ramírez, hoy vicepresidente del Senado, en las que afirmó que “si reeencarnara, volvería a ser guerrillera”; y Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, quien dijo que “el ingreso a las Farc era voluntario”.

Recientemente, el representante a la Cámara, Álvaro Hernán Prada, publicó una entrevista que le hizo a alias ‘Karina’ en la que la exguerrillera señaló que nadie podía “desaparecer sin la autorización del secretariado”. El chiste se cuenta solo si sumamos las declaraciones arriba mencionadas. La ñapa a todo esto son los comerciales de televisión, financiados por la JEP, en donde se dice que no hubo secuestros, que solo fueron “retenciones”.

En días pasados, se conoció que Farc respaldó un proyecto de ley con el fin de modificar nuestras Fuerzas Militares. No basta  su alianza con el tribunal de la impunidad, la persecución es de frente contra los héroes de la patria. El texto fue retirado ¿Se arrepintieron o nos querían meter un gol?

Tendremos los ojos puestos sobre la JEP, porque muchos pensamos que Farc, los Senadores que los legitiman y la JEP hacen parte del mismo paquete. Aplican la combinación de las formas de lucha para llevar a las instituciones, como las Fuerzas Militares, a quienes no piensen como ellos, al desprestigio. El fin último de esta estrategia: instalar el socialismo del siglo XXI en Colombia, NO lo permitiremos.

@jarizabaletaf

Publicado: julio 26 de 2020