Lo ocurrido estas dos semanas en el País es una verdadera muestra que el vandalismo profesional encubierto de “defensores de derechos humanos” y “defensores de la educación pública” se tomó por completo unas manifestaciones legítimas que terminaron transformándose en agresiones viscerales y sin sentido contra actores inocentes.

La educación pública es una prioridad, por supuesto, y el hecho que haya problemas de infraestructura en las instituciones es una preocupación más que sincera de miles de estudiantes que tienen que ver clases en muros que prácticamente están a punto de caérseles encima.

Sin embargo, usar ese pretexto para atacar las instalaciones de RCN Radio es un acto perverso que demuestra que el vandalismo es el verdadero propósito que logran los principales agitadores de esas “protestas”.

Parece ser que a dichos desadaptados solo les sirve la prensa cuando se habla mal de las instituciones, cuando se ataca a los funcionarios o cuando se hace la cobertura de sus peticiones, pero no cuando se tienen posiciones independientes a sus algarabías.

La libertad de expresión es uno de los cimientos fundamentales de cualquier democracia y, precisamente, es esa diversidad de opiniones la que logra construir una masa crítica pensante y reflexiva, apartada tanto de los intereses del Gobierno como de la oposición.

En este contexto, y al observar los interminables daños que se generan en esas manifestaciones, pienso cada vez más en la conveniencia de la propuesta del Ministro de Defensa de regular la protesta social. Destruyen estaciones de Transmilenio, irrespetan a los miembros de la Policía y el Esmad y ahora la emprenden en contra de la prensa libre de este País. ¿Hasta cuándo deben continuar estos interminables abusos?

La protesta es un derecho esencial pero eso no quiere decir que esté cubierto por un garantismo absoluto que legitime adelantar cualquier tipo de acción irresponsable que ponga en riesgo la integridad de personas inocentes.

Cuando fuimos oposición marchamos en numerosas ocasiones contra el ilegítimo Gobierno de Juan Manuel Santos, pero siempre lo hicimos en un escenario de respeto y civismo donde de expresaban unas posturas políticas y no se destruía la infraestructura de las ciudades.

Esa es precisamente la naturaleza de manifestaciones legítimas que habrían de desarrollarse en el País y no aquellas donde se paraliza el tráfico de la ciudad, se irrespetan a la autoridad y se exteriorizan una cantidad de sentimientos de odio y resentimiento profundamente escondidos en el actuar perdido de unos vándalos que se esconden cobardemente bajo el escenario de falsas protestas.

@Tatacabello

Publicado: octubre 19 de 2018