Verdad, independencia, imparcialidad, responsabilidad y humanidad son cinco principios que resumen la ética que debe gobernar a todo periodista. Aunque la verdad es imposible de garantizar, el periodista siempre debe proyectar con precisión los hechos previamente verificados. Un periodista independiente no debe actuar conforme a ningún interés específico y si lo llegase a tener, debe expresarlo previamente (recordemos el caso de Natalia Springer que mientras despotricaba de la oposición gozaba de multimillonarios contratos con entidades públicas como la Fiscalía General de la Nación).  La imparcialidad se refiere a mostrar los dos lados de la noticia o las dos caras, como dice el slogan de una emisora de radio, sin apasionamientos y sin favorecimientos. Y, finalmente, en inglés la palabra responsabilidad se traduce como accountability y, aunque ambas palabras tienen en común que se refieren a asignarle un responsable a un hecho particular, accountability abarca algo más, y es que el responsable no solo es el culpable, sino el que está abocado a responder por su falta. Un periodista humano se preocupa por no dañar a nadie ni con sus palabras ni con imágenes, y, si por alguna razón causara un daño, lo rectificaría. 

El pasado 11 de agosto Daniel Coronell publicó un artículo en la revista Semana que volvió a levantar cuestionamientos acerca de su ética profesional que en varias ocasiones parece no haber podido anteponer a su obsesión por acabar con Álvaro Uribe Vélez y a cualquier persona relacionada con él. Coronell basó su artículo llamado “De la noche a la mañana” en una investigación realizada por Jefferson Beltrán, el reconocido periodista del programa La Noche de NTN24, en el cual entrevistó a Carlos Eduardo López Callejas, alias Caliche, señalado de buscar manipular un testigo junto al congresista Álvaro Hernán Prada para favorecer a Álvaro Uribe Vélez. El que vea los 18 minutos de entrevista de Caliche y el que lea el artículo de Coronell no podrá evitar pensar que: o Coronell no entendió o descontextualizó. Dice Coronell en su artículo que “alias Caliche aclaró – por fin – que la iniciativa de pedirle un video al testigo surgió del representante Álvaro Hernán Prada después de una conversación telefónica aparentemente con el expresidente Uribe”. Con esto, Daniel Coronell da a entender a sus lectores que el congresista Prada tuvo la iniciativa de buscar a alias Caliche para que gestionara el video del testigo Monsalve incriminando a Iván Cepeda.  Sin embargo, el que oye la entrevista completa se da cuenta que, como el sediento ve agua en el desierto, el obseso también tiene alucinaciones y ve espejismos. Y su espejismo es creer encontrar la prueba de que Uribe quiso manipular testigos. 

Cuando Beltrán le preguntó a Caliche que si él había planeado todo le respondió que no, que lo que sucedió fue que estaba “mamado” de todas las noticias de Cepeda y los falsos testigos, entonces se dijo a sí mismo “pues falsos testigos, ahora si voy a tratar de sacar una noticia buena, o a dar una declaración buena, a poner a ese desgraciado (Cepeda) en descubierto que no ha hecho sino tratar de coger a Monsalve a enredarlo y a prometerle cosas que no puede cumplir”. Después de esto puso un plan en marcha para engañar a ambas partes, a Monsalve diciéndole que era un emisario de Álvaro Hernán Prada y a Prada diciéndole que era un emisario de Monsalve. Parecería que el único que no fue engañado en todo este enredo fue Iván Cepeda. 

No contento con descontextualizar la entrevista para enlodar la imagen de Álvaro Hernán Prada y por ende de Álvaro Uribe Vélez, Daniel Coronell termina su escrito diciendo que “lo cierto es que le debemos agradecer al programa La noche su aporte a la investigación, que no por involuntario deja de ser determinante”. Una dosis de veneno final para darle a entender a sus lectores que el programa La Noche actúa de manera parcializada, inveraz, irresponsable, dependiente e inhumana – todo ladrón juzga por su condición –. 

@ANIABELLO_R

Publicado: agosto 17 de 2018