Los cerebros del acuerdo de La Habana no ocultan su desespero por salvar lo pactado con la organización terrorista de las Farc, pasando por encima del veredicto popular del pasado 2 de octubre en el que la mayoría de los ciudadanos votaron en contra de la implementación de dicho acuerdo.

Las recientes manifestaciones del presidente Santos en las que da a entender que no respetará el resultado del plebiscito amparándose en el supuesto mandato que le dieron los ciudadanos en las elecciones presidenciales de 2014, sumadas a las declaraciones altisonantes del abogado de las Farc, Enrique Santiago asegurando que las “movilizaciones ciudadanas” que se han llevado a cabo en diferentes ciudades de Colombia son prueba de que el pueblo quiere que se implementen los acuerdos, dan fe del desespero de Santos y las Farc.

No todo el mundo al interior del gobierno comparte la actitud del presidente ni los desafiantes mensajes del abogado de la guerrilla. con cabeza fría y serenidad, hay quienes poco a poco han comprendido que el acuerdo debe ser cambiado en lo sustancial y que ello implica llevar a cabo una labor de fondo en la que se deben tener en cuenta todas y cada una de las propuestas que ha elaborado el Centro Democrático con el fin de alcanzar un nuevo documento que emane del llamado acuerdo nacional.

No obstante se ha puesto a circular una propuesta exótica que parece una broma y no una alternativa real de solución: llevar a cabo en todos y cada uno de los 1122 municipios de Colombia un cabildo abierto para refrendar lo que el 2 de octubre fue negado en las urnas.

El cerebro de la iniciativa es el exministro conservador Álvaro Leyva Durán quien no ha querido aceptar que el NO ganó en el plebiscito.

El doctor Leyva, que se precia de ser el autor de la figura del tal acuerdo especial que convierte al pacto Santos-Timochenko en un tratado internacional, con su propuesta de los cabildos abiertos pretende tender una cortina de humo frente a las Farc, pues él le había garantizado a la guerrilla que con el simple hecho de enviar una copia del documento a la sede del ministerio de relaciones exteriores de Suiza en la ciudad de Berna, era suficiente para que éste adquiriera la condición de tratado internacional, argumento que en días pasados fue rebatido por el propio gobierno suizo que descartó esa posibilidad dado que la ciudadanía colombiana había votado en contra del pacto suscrito con la guerrilla de las Farc.

Como el mago que saca conejitos de la cantonera, Leyva, experto en plantear alternativas estrambóticas, ha lanzado la propuesta de los cabildos abiertos.

Uno de los grandes avances de la Constitución de 1991 fue el de la incorporación de los mecanismos de participación ciudadana como el plebiscito, el referendo, la consulta popular, la iniciativa popular legislativa, la revocatoria del mandato y el cabildo abierto.

El cabildo abierto es una figura que le es muy cara a la historia de Colombia. El 20 de julio de 1810, después de que el virrey Amar y Borbón rehusara decretar la integración de una junta de gobierno para la ciudad de Bogotá, se armó la barahúnda que desembocó en un cabildo abierto que ordenó la captura del virrey.

En la actualidad, los cabildos abiertos están previstos para hacerse a nivel municipal o de las localidades en las grandes ciudades del país. Se trata de reuniones abiertas de los concejos en los que los ciudadanos pueden acudir para efectos de discutir con los concejales los asuntos de interés que afectan el diario vivir del municipio o del distrito. Los alcaldes deben acudir al cabildo para efectos de responder las inquietudes y oír las propuestas de los ciudadanos.

Esa figura claramente no se ajusta a lo que se necesita para refrendar un acuerdo de paz que ya fue rechazado en las urnas a través de un plebiscito de orden nacional.

Es descabellado y abiertamente antidemocrático tratar de burlar el resultado del plebiscito adelantando cabildos abiertos para meter, a las malas, el acuerdo que ya fue improbado por 6.5 millones de ciudadanos.

De tomar fuerza esta propuesta de Leyva, la institucionalidad colombiana quedará aún más lesionada. Es un abierto desafío al sentir ciudadano expresado el pasado 2 de octubre y convertirá al Estado colombiano en un rey de burlas de una comunidad internacional que en las últimas semanas le ha dicho en todos los tonos al gobierno de Juan Manuel Santos que tiene que respetar el resultado que arrojaron las urnas.

Por el bien de nuestra estabilidad republicana, lo que corresponde es, con apego a los canales democráticos, hacer respetar el triunfo del NO en el plebiscito para efectos de construir un nuevo documento para serle presentado a las Farc y una vez surtido ese procedimiento buscar la manera más expedita de refrendarlo, en el marco de un gran acuerdo nacional.

@IrreverentesCol